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                                     Vista del Río Pastaza, foto © Diego Shoobridge

Ubicado en la selva norte del Perú, el Abanico del Pastaza es un área comprendida entre los ríos Morona y Pastaza en un territorio de 2 300 000 hectáreas, que incluye una serie de ríos y quebradas afluentes, así como lagos, lagunas y otros cuerpos de agua. El área es parte de una porción mayor de 6 millones de hectáreas (Abanico del Pastaza: 10% en Ecuador, 90% en Perú), formado por sedimentos volcánicos durante miles de años. Incluye ambos lados del río Pastaza y la parte este del río Morona desde la frontera con Ecuador hasta el río Marañón. El área incluye 3 distritos (Pastaza, Barranca y Morona) de la provincia de Yurimaguas en el departamento de Loreto. Su geomorfología y la abundancia de flora y fauna ameritan protección de las alteraciones causadas por la explotación incontrolada y depredatoria de recursos naturales.

Es un área prístina, extremadamente rica en diversidad biológica y socio cultural, con altos índices de especies y abundantes recursos de agua dulce, de gran valor para la conservación y categorizada como un área de prioridad para la protección de la biodiversidad en la ecoregión de floresta inundada del Amazonas. Ha sido designada como humedal de importancia internacional bajo la Convención Ramsar; a pesar de ello, el área no es parte aún del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado SINANPE.

Importantes cuerpos de agua se encuentran en el Abanico del Pastaza, como el Lago Rimachi, con una superficie de 30 kms², siendo uno de los más extensos de la Amazonía peruana. Estos cuerpos de agua en su conjunto proveen un ecosistema altamente diverso y hábitat biológicamente rico, particularmente en especies de peces, sirviendo también como un importante lugar de paso de especies migratorias. El área contiene cuatro tipos de bosque ricos en especies silvestres poco estudiadas. Alberga especies amenazadas como el caimán negro (Melanosuchus níger), el manatí amazónico (Trichechus inunguis), la tortuga amazónica (Podocnemis expansa), el mono araña (Ateles belzebuth), el paiche (Arapaima gigas), el jaguar (Pantera onca), y el armadillo gigante (Priodontes maximus), entre otros.  

           Ubicación del Abanico del Pastaza y presencia de lotes petroleros, Mapa: M. Montoya.

El territorio es habitado por comunidades indígenas de las etnias Achuar, Kandoshi,  Quechuas y Shapras, con una población de alrededor de 10 mil personas, y con presencia de pobladores mestizos en menor número. Las comunidades indígenas en su conjunto poseen títulos sobre 718,250 hectáreas y adicionalmente derechos de uso sobre 210 000 hectáreas. Los derechos de los pobladores indígenas podrían ser fortalecidos con la creación de una Reserva Comunal, que es un estatus de protección reconocido legalmente en el SINANPE.

                                             Poblado Achuar. Foto © Diego Shoobridge

Los pobladores locales se dedican en pequeña escala a la agricultura, crianza de ganado, caza, recolección y pesca. La localidad de San Lorenzo es el principal centro de comercio e intercambio en la región, cuenta con electricidad y algunos servicios básicos de manera restringida. Es también un centro de aprovisionamiento para las actividades de exploración petrolera, contando con un pequeño aeropuerto. Las comunidades presentan economías de subsistencia y carecen de los servicios básicos.

Debido al alto grado de conectividad del Abanico del Pastaza, actividades de extracción no sostenible de recursos naturales tienen un impacto profundo y extendido sobre el hábitat acuático, afectando las poblaciones silvestres, los procesos de migración y la salud del ecosistema. La mayor y más importante amenaza tanto para la diversidad biológica como sociocultural del Abanico del Pastaza es la extracción de petróleo, bajo concesión otorgada por el Gobierno Peruano a la compañía internacional Occidental Petrolera del Perú Inc. que actualmente opera en la cuenca del río Morona y la compañía internacional Pluspetrol, la que no sólo realiza actividad de exploración en nuevos lotes en el área, sino que maneja infraestructura petrolera antigua de lotes ya explotados por otras compañías, específicamente en el río Pastaza.

                   Contaminación de petróleo en cuerpos de agua, foto © M. Montoya

Gran parte de los sistemas ecológicos del Abanico del Pastaza y las poblaciones indígenas que lo habitan están siendo seriamente impactadas por la extracción irresponsable de petróleo, que ha ocasionado la mayor contaminación de los ecosistemas acuáticos y los consecuentes problemas de salud que la población ha estado padeciendo durante años. Por décadas, más del 60% de la producción nacional de petróleo ha sido extraída de esta área, y el Gobierno Peruano está ofreciendo más lotes petroleros en concesión. La política para la extracción de hidrocarburos en el Perú  se orienta hacia la promoción de la inversión. Como resultado de esto, casi el 40% del sitio Ramsar ha sido dividido en lotes petroleros. Actualmente, 8 224 hectáreas del área está bajo evaluación, 801 753 hectáreas están bajo negociación y 1 701 533 hectáreas han sido explotadas por la extracción petrolera. La exploración y explotación petrolera sin cuidado ambiental crea una seria amenaza para la vida y la salud de las comunidades indígenas de la región y para los recursos naturales de los que dependen. Varios ecosistemas acuáticos han sido severamente contaminados, y requieren el retiro y la disposición apropiada de suelos contaminados y otras severas medidas de restauración y remediación.

El uso de infraestructura y tecnología antiguas, la falta de conciencia ambiental por parte de los tomadores de decisiones y la propia falta de interés y cooperación de las compañías petroleras en acatar protocolos ambientales internacionalmente reconocidos, aumentan el problema del vertimiento directo de los efluentes de la actividad en ríos y contribuye con la contaminación de los cuerpos de agua del Abanico del Pastaza. El Organismo Supervisor para la Inversión en Energía OSINERG hizo un reporte reciente en base al análisis de las condiciones ambientales en bloques de extracción petrolera claves. En gran contraste con los resultados presentados previamente por los reportes de la compañía Pluspetrol, a cargo de importantes operaciones en el área, OSINERG documenta la presencia de contaminantes en suelos y quebradas muy por encima de los Límites Máximos Permisibles, un resultado directo del pobre manejo de hidrocarburos por parte de Pluspetrol. El agua analizada presentó altas concentraciones de cloruros y aceites así como altas temperaturas. De las 46 muestras de agua y suelo tomados del bloque petrolero 1AB, 36 mostraron niveles de contaminación por encima de los Límites Máximos Permisibles.

Vertimiento de hidrocarburos en cuerpos de agua e impactos sobre la vegetación, suelos y fauna, tanto terrestre como acuática.  Foto © M. Montoya

La población indígena que vive en y alrededor del Abanico del Pastaza ha estado siempre al margen de la política de extracción de recursos naturales y los procesos de toma de decisiones. La legislación peruana actual permite la concesión de territorios indígenas no titulados a las compañías petroleras, sin que el pago de obligaciones hecho al gobierno central beneficie directamente e las comunidades locales.

Se debe buscar mejorar los estándares de las actividades actuales de las compañías petroleras con presencia en la zona y asegurar que los planes de manejo ambiental aprobados sean implementados correctamente. De esta manera, áreas completamente afectadas por derrames de petróleo deberán ser restauradas y los impactos de las actividades mitigados y solucionados.

      Estación de bombeo de petróleo en el río Morona. Foto © Diego Shoobridge

La participación de las comunidades indígenas y sus federaciones representativas en este proceso es fundamental. Para lograr esto se deberán establecer mecanismos adecuados de negociación y coordinación entre los diversos grupos étnicos, tomadores de decisiones y compañías petroleras, reforzando las capacidades de los líderes indígenas y promoviendo el establecimiento de redes de alerta e intercambio. Ante todo deberá respetarse el estatus de área de importancia internacional Ramsar y seguir todas las normas y procedimientos para garantizar la conservación de este importante ecosistema, impidiendo la presencia de nuevas operaciones petroleras en el área.

ParksWatch – Perú:  Febrero 2006