ParksWatch

Han sido iniciadas las obras del segundo tramo de la Autopista Antonio José de Sucre, mejor conocida entre los venezolanos como la autopista de oriente, una de las vías de comunicación más esperadas del país. La moderna autopista reemplazará a la antigua carretera construida en la década de los 40 y cruza de este a oeste el sector continental del Parque Nacional Mochima, el cual cumple este año su 30 aniversario. La nueva autopista también cruzará al parque en su totalidad, añadiendo así otro problema a la larga lista de amenazas a la integridad biológica del parque.

El tramo vial en construcción tiene 7,36 km de longitud y conectará al poblado de Santa Fé, en el límite occidental del parque, con el de Yaguaracual, ubicado dentro de una Zona de Uso Especial. La autopista, de unos 100 m de ancho, correrá paralela a la actual carretera, separadas en algunos casos por hasta 15 km. La obra garantiza no sólo destruir la zona en la que se construirá la autopista, sino que también causará estragos en el espacio entre ésta y la antigua carretera, el cual quedará ecológicamente aislado del resto del parque. A pesar de que la vía se construirá sobre zonas consideradas de Uso Especial y de Recuperación Natural, las cuales presentan altos niveles de intervención humana y degradación ambiental; la autopista también cruzará zonas que por sus características fueron consideradas como de Protección Integral. En un futuro no muy lejano, la construcción continuará cruzando el parque otros 7 km hasta su extremo oriental, para así alcanzar su destino en la ciudad de Cumaná.

A pesar de que el panorama luce aterrador, pareciera no haber causado conmoción entre las ONGs ambientalistas venezolanas, ni siquiera entre los organismos gubernamentales encargados de la administración de las áreas protegidas. Ciertamente todos hemos aceptado la construcción con una aparente pasividad. ¿Por qué?

Poniendo a un lado el hecho de que la opinión pública se encuentra casi completamente ocupada en la grave crisis política que atraviesa Venezuela; lo cierto es que en general todos hemos estado esperando por la construcción de una autopista que se anunció por primera vez en 1976, apenas tres años después de que se decretara el parque. Por otra parte, muy pocas personas saben que la actual carretera y la nueva autopista cruzan un parque nacional. La zona alrededor de la carretera no tiene apariencia de ser un área protegida y la señalización que antes era inexistente, hoy es escasa.

En realidad el área en cuestión se encuentra actualmente en mal estado y ha estado bajo la intervención humana desde mediados del siglo pasado. Numerosas parcelas y conucos se pueden observar entre los diversos caseríos a lo largo de la carretera. Sin embargo, la magnitud de la alteración del paisaje que conlleva la autopista es algo sin precedentes en un parque nacional venezolano. El estudio de impacto ambiental prevé por lo menos 21 impactos de los cuales 12 serán sobre el medio físico natural y nueve sobre el medio socio-económico. Entre estos impactos destacan: la pérdida de cobertura vegetal, perturbación de hábitat, modificación de la topografía y cambios en el drenaje de las aguas, daños por detonaciones, contaminación y generación de desechos, incremento del riesgo de incendios, afectación de la calidad del aire, aumento de la migración humana e incremento de las tendencias de invasión de tierras.

Si bien es cierto que la autopista fue decretada hace casi 30 años, también es importante recordar que los parques nacionales, así como otras áreas bajo régimen de administración especial, forman parte de los planes de ordenamiento territorial y por lo tanto se deben tomar en cuenta dentro de los planes de desarrollo nacional. La construcción de la autopista puede constituir un precedente negativo para los parques nacionales y para INPARQUES como institución encargada de su manejo. ¿Cómo se podrá argumentar en el futuro la paralización de obras de tal magnitud que afecten parques previamente decretados? ¿De que manera esta aceptación tan simple de la autopista puede repercutir sobre los proyectos de desarrollo gasífero cerca del Parque Nacional Guaramacal y la construcción de oleoductos en Paria?

INPARQUES debe aprovechar la coyuntura de la construcción y aludiendo la magnitud del impacto destructivo de la misma, negociar con otros entes gubernamentales una ampliación del parque hacia el sur, en el Macizo de Turimiquire, en donde actualmente existe un área protegida que no es de la jurisdicción de INPARQUES. De esta forma se protegería aún más la cuenca del embalse Turimiquire y los bosques de la sierra, de altísimo valor ecológico. De igual manera la construcción de la autopista podría usarse como un plan alternativo para lograr reubicar la totalidad de los poblados de la zona que aún permanecen en condición ilegal.

La construcción de la carretera puede ser una oportunidad para solucionar uno de los problemas más graves de Mochima.

(La foto inicial:  Desde la playa de Majagual se puede observar el inicio de las construcciones, al fondo en las zonas deforestadas.)

ParksWatch:  Febrero del 2003