ParksWatch

                                                                                                                              (Foto: Varum Swami)

Hace unos años, en la Argentina, una popular conductora de televisión entrevistó a unos paleontólogos que habían descubierto un dinosaurio en la Patagonia. La nota se hizo muy famosa y fue repetida miles de veces no por el descubrimiento en sí, ya que son frecuentes los hallazgos de dinosaurios en esa región, sino por el exagerado entusiasmo de la conductora, quien preguntó azorada “¡¿Un dinosaurio?… ¿Vivo?!”. La risa de los científicos fue coreada por una unánime carcajada nacional.

Podemos imaginarnos ahora un programa en el futuro en el cual unos paleontólogos anuncian el descubrimiento de un jaguar (Panthera onca) en la selva misionera de Argentina…y la ingenua conductora diciendo “¿De verdad?.. ¿Vivo?”, seguido de una carcajada general.

Tal futuro de extinción parece no estar muy lejos, a juzgar por la alarmante disminución de jaguares en la selva misionera, según un último censo realizado por científicos del CONICET y de la Fundación Vida Silvestre Argentina y presentado en Puerto Iguazú. Los investigadores Mario Di Bitteti, Agustín Paviolo y Carlos de Angelo realizaron un estudio de campo de dos años concluyendo  que la población se redujo entre cinco y seis veces en los últimos 15 años, en relación a las densidades presentadas por el investigador brasileño Peter Crashaw en los 90. Actualmente sobrevive una población de apenas 50 individuos en parches selváticos del corredor verde paranaense al Parque Nacional do Iguaçu, en Brasil(1).

       


Jaguar cazado y cuereado en el Amazonas peruano (Foto: Diego Shoobridge, ParksWatch Perú)

Si nos referimos a las posibles causas de esta situación, una de las primeras que aparecen en mente es la falta de hábitat suficiente, ya que esta es la causa más frecuente atribuida a la extinción de grandes mamíferos en los archipiélagos del mundo y en casos de insularización de ambientes continuos, casuística profusamente documentada en la literatura sobre conservación. A su vez, la pérdida paulatina de ambientes naturales para la alimentación y reproducción de los grandes carnívoros es atribuida a la insuficiencia de áreas protegidas y/o a la falta de conectividad entre las mismas.

Si aceptamos que esta hipótesis es una de las razones principales(2) y observamos en la siguiente imagen satelital la densidad de áreas protegidas de la selva paranaense en Argentina (nacionales en verde claro y provinciales en rojo) y la cobertura forestal de la misma en el detalle de la derecha, la situación del jaguar se vuelve aún más preocupante. 


Fotocomposición por Jorge Marquez (IANR-ParksWatch) sobre imágenes LANDSAT TM provistas por la CONAE

Lo alarmante es que pareciera que a pesar de los enormes esfuerzos nacionales y provinciales por aumentar la superficie destinada a la conservación, con una densidad inusual de reservas naturales en el denominado Corredor Verde de la Selva Paranaense,  la solución no está dando resultado a la hora de prodigar ambientes para la conservación de grandes mamíferos como el jaguar.  Que son necesarias es un hecho, ya que los jaguares sobrevivientes se refugian–por lo menos–en el Parque Nacional Iguazú, en el Parque Provincial Urugua-í, en el Parque Provincial Esmeralda, dentro de la Reserva de Biosfera Yabotí(3) y en el Parque Nacional Do Iguaçu. Que no son suficientes también es un hecho, porque la población ha disminuido en los últimos años. Asimismo, modelos como los de Gary Belovsky(4) y otros autores han advertido sobre la enorme superficie protegida que se necesitaría para una protección efectiva, del tamaño de continentes, área que es similar a la del rango natural de distribución de los grandes mamíferos(5).

Ante estos hechos surgen varias inquietudes: ¿Qué es lo que está fallando? ¿Qué hacer? ¿Resulta razonable pedirle a Misiones que aumente aún más la superficie destinada a la conservación en desmedro de áreas dedicadas a la producción?(6) ¿Es eficiente un sistema de reservas naturales para mantener poblaciones viables de grandes mamíferos?

Una de las falencias parece estar en la falta de conectividad del corredor para los requerimientos del jaguar. Fuera de las áreas protegidas casi toda la superficie está ocupada por cultivos, campos ganaderos y forestaciones. El otro problema está en la animadversión de los pobladores ante un depredador peligroso como el jaguar. Si unos pocos jaguares son hoy motivo de fuertes controversias entre conservación y producción, es de imaginarse – como ha expresado Rubén Barquez – “que una población de – digamos – 500 jaguares, llevaría a la acción a más de un fusilero”(7). Como los jaguares no reconocen las fronteras jurídicas que los protegen, cada vez que salen fuera de la reserva se vuelven muy vulnerables a las balas usadas en amparo del derecho a la defensa propia de los pobladores circundantes al área protegida. Esto sucede en todo el Neotrópico. Di Bitteti opina que los efectos se potencian, ya que a medida que la insularización vuelve más escasas las presas dentro de las reservas, se incrementa la necesidad de los jaguares de aumentar la extensión de sus recorridas en busca de alimento por fuera.  El jaguar no aparece listado en el Libro Rojo de la IUCN (2004), debido probablemente a su abundancia en el continente sudamericano, pero la situación de esta especie emblemática de las selvas argentinas es por completo diferente y la falta de reconocimiento de su vulnerabilidad la está haciendo desaparecer de la fauna del país(8). Ricardo Ojeda calcula que la distribución del jaguar ha retrocedido en la Argentina casi 1000 kilómetros en los últimos 100 años (subespecie Panthera onca palustris, localidad típica Luján, Provincia de Buenos Aires), ¡es decir a una velocidad de retracción de 10 kilómetros por año!  Por su parte, Carlos Galliari comenta que hace 200 años el jaguar vivía desde el sur de USA hasta el norte de la Patagonia Argentina y que a partir de 1900 comenzó una fuerte declinación de sus poblaciones, experimentando una retracción del 60% de su distribución geográfica(9).

Acciones posibles

Los hechos analizados muestran que más allá de incrementar la superficie continua destinada a la conservación mediante reservas y corredores, hace falta intervenir fuertemente en el manejo de grandes vertebrados- haciendo uso de toda la tecnología disponible- si nuestro objetivo es demorar el proceso de extinción todo lo posible. A esta altura de la historia de deterioro del planeta, ya es demasiado tarde para dejar a las fieras libradas a su suerte, refugiadas en archipiélagos de reservas rodeadas de un mar productivo y hostil a su presencia. Necesitan de nuestra ayuda para sobrevivir.

Convenios entre instituciones. Son varias las instituciones gubernamentales y no gubernamentales que accionan en la conservación del jaguar en la selva paranaense: Administración de Parques Nacionales (APN), Instituto Brasilero de Medio Ambiente (IBAMA), la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA), el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), la empresa ESSO, el Ministerio de Ecología, Recursos Renovables y Turismo de Misiones, la Red Yaguareté (http://www.jaguares.com.ar) entre otros. Dado que la distribución del jaguar abarca varios  países y que forma una unidad demogenética compacta al sur del Amazonas, la firma de convenios de cooperación internacional entre Argentina, Brasil(10), Bolivia, Uruguay, Paraguay y Perú es una herramienta prioritaria para la toma de decisiones en conservación de este felino en el sector meridional de su distribución. Los convenios y contratos sociales que surjan tal vez den origen a leyes específicas para la conservación del jaguar. La creación de un comité de gestión multisectorial, que involucre a todo el abanico de actores, es un elemento indispensable para la viabilidad de cualquier proyecto de conservación del jaguar.

Fortalecimiento de la gestión de áreas protegidas de categorías estrictas. Aunque no resulta suficiente la estrategia actual de protección de los ecosistemas que el jaguar habita, esto no significa que el concepto de áreas protegidas haya fracasado. Al contrario, si sobreviven pequeñas poblaciones es gracias a que han encontrado refugio en ellas. Es indispensable que las áreas de categorías I y II (criterio IUCN) funcionen para los objetivos para los que fueron creadas, así como la rezonificación hacia categorías de reserva estricta o área crítica de los sitios detectados como hábitat de reproducción del jaguar.

Suplementación alimentaria. Uno de los problemas principales de la incapacidad de un sistema de reservas para mantener poblaciones viables de grandes carnívoros es la falta de alimento suficiente, lo que en parte induce al jaguar a buscarlo fuera. Tal vez si se implementara un programa de suplemento alimentario dentro de las reservas, este problema se mitigaría.

Aumento de conectividad. Se hace indispensable realizar tareas de restauración ambiental enfocada a la creación de corredores de selva entre áreas protegidas. Convenios entre concesiones forestales y el gobierno provincial podrían incluir medidas de mitigación ambiental que financien estas obras. La construcción de corredores mediante restauración de ecosistemas debería ser una de las prioridades de las plataformas de financiamiento internacional en conservación de la selva paranaense. Algunas de las reservas de compensación ya existentes–como las creadas como mitigación de la represa Yacyretá–incluyen grandes extensiones de plantaciones forestales con coníferas exóticas (algunas de más de 600 hectáreas). Estas áreas no deberían contabilizarse como reserva natural, a menos que cumplan una verdadera función de compensación ambiental, para lo cual debería procederse a la restitución paulatina de plantaciones naturales.

Manejo de poblaciones en cautiverio. Una recomendación de Galliari es el manejo de grupos de jaguares en los zoológicos para el mantenimiento de la variabilidad genética, minimizando el flujo génico entre poblaciones del norte y sur del Amazonas(11). Este autor propone generar un censo de los ejemplares cautivos en la región de la cuenca del río de La Plata.

Reintroducción. Aunque esta es una medida muy controvertida, es una de las herramientas más eficaces para manejar poblaciones viables de grandes carnívoros en retroceso numérico. Podría crearse un centro de cría y reproducción asistida utilizando todo el bagaje tecnológico disponible para las experiencias agropecuarias. Ejemplares seleccionados capturados en áreas privadas pueden formar parte de las poblaciones fundacionales. Parkswatch está en conocimiento de que en la Provincia de Corrientes, en la zona de los esteros del Iberá hay planes de reintroducción de jaguares al medio natural, actitud y esfuerzo que celebramos. Para la implementación de este tipo de soluciones, habría que trabajar duro en cambiar algunas leyes y regulaciones, por ejemplo las de CITES, que no permiten que animales silvestres nacidos en ambientes naturales (sea cual fuere el origen del ejemplar) puedan ser trasladados de un país a otro, lo que impide la reintroducción. Además de este problema, Galliari opina que esta restricción conspira contra la posibilidad de entrecruzar ejemplares para mantener la variabilidad genética.

Monitoreo individual. Uno de los problemas más graves de la conservación de jaguares es su vulnerabilidad fuera de áreas protegidas. Una manera de mitigar este problema seria la de poder seguir a todos los individuos de la selva misionera (¿50?)con un dispositivo de localización GPS y monitoreo satelital. De este modo puede monitorearse permanentemente cuando un jaguar sale fuera del área protegida e ingresa en una propiedad privada, dando aviso a tanto a los potenciales damnificados como a los manejadores de la población monitoreada. Estableciendo un sistema de alerta temprana y un contrato de coparticipación con los propietarios de fincas circundantes, podría evitarse la muerte de (al menos algunos) individuos y manejar en cambio su captura, con el apoyo que brinda la tecnología. Un comité de gestión coparticipativo entre  las partes involucradas podría llevar a cabo el monitoreo. Además del sistema de alerta, esta información generaría muchos datos sobre los hábitos del jaguar, sus movimientos, preferencia en el uso de corredores o tipos de hábitat, entre otros.  Obviamente que esta es una solución cara y sofisticada, no tanto en materiales como en la logística necesaria para poder responder con eficiencia a los llamados del sistema de alerta. Sin embargo, es probable que sea una ínfima inversión en comparación al costo del montaje de sistemas mucho más complejos realizados por nuestras sociedades para llevar a cabo metas de inadmisible frivolidad o belicosidad.

Epílogo

Hace unos años, en 1991, me encontraba revisando el listado de mamíferos de la colección del Field Museum of Natural History de Chicago cuando sorprendido encuentro que poseen un cráneo de Panthera onca proveniente del sur de la Patagonia (Río Chico, Chubut) obtenido por la expedición Marshall en 1923 (FMNH 89914). Atónito pregunté al curador de mamíferos,: Pero…¿estaba vivo?. El curador (Bruce Patterson) sonrió: “No, ¡por supuesto que no!, es material fósil”.

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Por Adrián Monjeau
ParksWatch Cono Sur



Notas:


1) Clarín, 04 de Octubre de 2005 (Ernesto Azarkevich, misiones@clarin.com)

2) Lo es para Di Bitteti, quien menciona la pérdida de hábitat natural como causa directa, sumada a la escasez de presas para el jaguar como causa indirecta del mismo efecto insular y a la matanza del jaguar por parte de ganaderos y cazadores.

3) Clarín op. cit.

4) Belovsky, G.E.  1987.  Extinction models and mammalian persistence.  In: Soule, M. (ed.), Viable Population for Conservation.  Cambridge University Press, Cambridge, England.  Chapter 3, pp. 35-57.

5) Rapoport, E.H. 1982. Areography. Pergamon Press.

6) El ministro de Ecología, Recursos Naturales Renovables y Turismo de Misiones, Luis Jacobo, sostuvo que la Provincia incorporó el último año 10.000 hectáreas a su sistema de áreas protegidas y va a duplicar la cantidad de guardaparques para proteger a la fauna (Clarín op. cit.).

7) De una discusión sobre este problema en el foro de discusión de la SAREM (Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos), www.sarem.org.

8) Ojeda, R. 1995. ¿Ausentes sin aviso? Mastozoología Neotropical, 2(1):84-85 y foro SAREM anteriormente mencionado.

9) C. Galliari, en su trabajo “La Conservación del Yaguareté en el Cono Sur Americano: ¿Qué hacer con las colecciones vivientes?”, argumenta que estudios filogeográficos (Eizirik et al. 2001. Molecular Ecology, 10: 65-79). demuestran que la especie es indivisible y que las poblaciones del sur del Amazonas representan una unidad filogenéticamente compacta  (Galliari es el Director del Jardín Zoológico de La Plata: zoolp@netverk.com.ar).

10) Apolonio Rodrigues, Jefe del área de Conservación y Manejo del Parque Nacional do Iguaçu (Brasil), destacó la importancia de que exista un trabajo conjunto entre ambos países en la conservación del felino (Fuente Clarín, op. cit.).

11) “Las instituciones con yaguaretés deberían promover el préstamo para reproducción de machos basados en registros de pedigrí, así como promover la generación de bancos de gametos y cigotos. Se debería estudiar la formulación de convenios interinstitucionales para la incorporación a colecciones en cautiverio de machos transeúntes o periféricos en áreas protegidas,ejemplares que en muchos casos son condenados a muerte por los pobladores vecinos”. (C. Galliari, op. cit.)