Información general
Resumen
Descripción
Amenazas
Soluciones
Conclusiones
Referencias

 

 

 

Amenazas actuales

 

San Esteban cuenta con un equipo de trabajo muy bien integrado y un respaldo político e institucional importante desde su creación. Hoy en día San Esteban se ha convertido en un icono del Estado Carabobo, lo cual representa un gran aval ya que sus problemas son tomados en cuenta por la sociedad carabobeña. A pesar de esto, San Esteban afronta diversos problemas que amenazan en diversos grados, el cumplimiento de sus objetivos como parque nacional.

 

Amenazas Actuales

 

* Falta de vigilancia y control efectivo
* Tenencia de las tierras
* Cacería ilegal
* Sobreexplotación de recursos pesqueros
* Ganadería
* Incendios

 

Falta de vigilancia y control efectivo

 

A pesar de que San Esteban cuenta con más personal que muchos otros parques nacionales y de que existen buenas instalaciones construidas, hay problemas relacionados con la falta de vigilancia y de presencia institucional en ciertos sectores del parque.

 

La falta de puestos de guardaparques en sitios clave es evidente y representa un problema en aquellos lugares donde la afluencia de visitantes es alta. Los  sectores marino-costero e incluso continental en las adyacencias de Patanemo, la laguna de Yapascua y la Bocáina, están prácticamente descuidados. No existen registros de los visitantes en estas zonas ni de las actividades de pesca y extracción de recursos que realizan los habitantes de los pueblos aledaños.

 

En el sector Campanero hay excelentes instalaciones con capacidad para alojar hasta 18 personas, sin embargo apenas se encuentran allí un taquillero que hace las veces de vigilante y un obrero voluntario. No se cuenta con vehículos y los recorridos en la zona son infrecuentes. La totalidad de los guardaparques se encuentran asignados a la vertiente sur del parque, donde no hay puestos de guardaparques, y a Isla Larga. Los puestos de guardaparques se encuentran ubicados en Isla Larga, Campanero y Miquijía, estos dos últimos en la vertiente sur de la zona continental, en donde no hay guardaparques asignados.

 

La falta de atención es tal que en algunos de los barrios pobres que limitan con el parque hay problemas graves de delincuencia, especialmente en Gózales Plaza y en Los Mangos, en donde han habido varios incidentes con los visitantes, quienes han sido atacados y robados. En la vertiente Norte, en los sectores Patanemo y Borburata existe una situación similar a la anterior. Considerado de gran valor histórico, San Esteban también posee problemas de delincuencia que hoy se tornan graves. Frecuentemente los excursionistas o visitantes que se dirigen al camino de los españoles, son robados o agredidos por delincuentes de la zona. Durante nuestra visita al camino de los españoles fuimos alertados por el personal de Inparques y los lugareños acerca de los asaltantes.

 

Tenencia de las tierras

 

Las tierras protegidas por el parque no son enteramente propiedad del Estado y existen numerosos propietarios de antiguas haciendas, o de pequeñas fincas y conucos, muchas de las cuales realizan usos no compatibles con la figura del parque nacional y que incluso en ocasiones han obstaculizado el normal desenvolvimiento del manejo del parque.

 

Una evaluación socio-económica de las poblaciones San Esteban y Goaigoaza (Conde 1997) y otro estudio similar en Patanemo, Valle Seco, y Miquijía (Colina 1997)  determinan la presencia de al menos 142 grupos familiares con más de 15 años en el parque y otras 42 familias calificadas como transitorias. Las familias ocupantes de tierras en el parque son numerosas en promedio (ocho a 11 miembros), no disfrutan de servicios básicos y se dedican casi exclusivamente a la agricultura. Ambos estudios consideran que el impacto ambiental de los ocupantes sobre el parque es alto o muy alto, y sugieren realizar censos y avalúos con la intención de reubicar a los habitantes en tierras fuera del área protegida.


           

Alrededor de Patanemo el pueblo se sigue expandiendo y los conucos se internan en los límites del parque.


Cacería ilegal

 

La cacería ha sido desde hace muchos años el mayor problema del parque. Una investigación realizada en 1996 reporta una de las mayores presiones de caza deportiva durante todo el año al compararla con los parques nacionales Henri Pittier, El Tamá, Terepaima, Sierra Nevada, Yacambú, Guatopo, Paria y El Guácharo (Silva y Strahl 1996). San Esteban posee también las mayores presiones de caza de subsistencia del total de parques evaluados por el autor, alcanzando consumos de hasta 26 presas por cazador por año y 233 Kg por consumidor por año (Silva y Strahl 1996).

 

El báquiro (Tayassu tajacu) y los paujíes Crax daubentoni y Pauxi pauxi, son las presas preferidas de los cazadores, al tiempo que resultan las menos abundantes. La lapa (Agouti paca) y las pavas Penelope argyrotis y Penelope purpurascens siguen en el orden de preferencia. Destaca el caso del picure (Dasyprocta leporina), el cual quizás por su gran abundancia es poco preferido por los cazadores; sin embargo, durante el estudio cada cazador mató en promedio 4,3 presas al año (Silva y Strahl 1996).

 

De acuerdo con la opinión de los guardaparques, la cacería es un problema importante en ambas vertientes del parque. Los guardaparques sostienen que en el pueblo La Cumaca se caza regularmente; conocen a los cazadores e incluso sus días de caza (al parecer son todos los jueves, viernes y sábados). Los guardaparques comentan que las presas más comunes incluyen báquiros (Tayassu tajacu), lapas (Agouti paca), perdices (Geotrygon sp.) y guacharacas (Ortalis ruficauda). Aparentemente, en el sector Trincheras y en El Cambur también se cazan Dantas (Tapirus terrestris).


Sobreexplotación de recursos pesqueros

 

Una evaluación reciente de los usos de los recursos naturales en una porción de la zona marino-costera del parque, revela que existen diversas actividades que no son controladas apropiadamente, las cuales podrían estar contribuyendo a la disminución de las poblaciones de al menos siete especies animales de interés comercial.

 

Entre los recursos pesqueros de mayor importancia económica del litoral rocoso se encuentran los gasterópodos comúnmente denominados quigua lisa (Cittarium pica) y quigua de piedra (Astraea caelata). González (2003) afirma que entre los años 1972 y 1973 la quigua lisa era abundante tanto en el litoral rocoso, como en Isla Larga, en donde era una de las especies predominantes (Almeida 1974 en González 2003). Sin embargo, la constante presión de extracción ha ocasionado que en esos lugares las poblaciones disminuyan su tamaño e incluso desaparezcan localmente. Hoy en día los pescadores han tenido que aumentar su esfuerzo pesquero al ir a costas más alejadas de Patanemo y tener que bucear a mayores profundidades para poder obtener ejemplares de tallas grandes (González 2003).

 

Igualmente, en las lagunas de Patanemo y Yapascua, se colecta ostra de mangle (Crassostrea rhizophorae).  Esta especie, económicamente importante para los pescadores, fue reportada como abundante en la Laguna de Patanemo hace 30 años (Almeida 1974 en González 2003). Generalmente los pescadores de ostras, para colectar más rápidamente este bivalvo y posiblemente por temor a ser vistos por las autoridades, cortan las raíces de mangle rojo (Rizophora mangle), sobre  las cuales crecen las ostras, acción que se ha venido realizando al memos desde 1976 (Dao 1976 en González 2003).

Otras especies de invertebrados colectados intensamente en las lagunas son: el cangrejo azul (Cardisoma guanhumi), almejas (posiblemente Asaphis deflorata), mejillones (Perna sp.), langostinos (Panulirus gutattus) y muy raras veces jaibas (Callinectes sp.).
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Ganadería

 

Las actividades de ganadería vacuna están localizadas principalmente en el lindero sur del parque, actividad ilegal vinculada a los poblados. La ganadería es practicada en los sectores Tronconero, La Cumaca, Las Flores, Las Rosas, El Cimarrón y Vigirima. En el sector Las Flores es aparentemente más problemático. Según información de los guardaparques, un solo ganadero posee 80 vacas, las cuales se han comido toda la vegetación de la zona. Se han levantado expedientes y procedimientos administrativos, pero no hay resultados. Existe descontento entre los guardaparques por la falta de sanciones a los implicados.

 

Incendios

 

Los guardaparques y el personal administrativo consideran que el fuego es uno de los problemas más importantes del parque, sobre todo en los bosques secos y los matorrales de la vertiente sur. Allí se queman cada año cientos de hectáreas de vegetación de sabana; y aunque el fuego podría considerarse como parte de este ecosistema, éste avanza cada vez más, destruyendo los bosques secos que dominan las zonas más altas.

 

Durante la temporada de incendios Septiembre 2002-Abril 2003 se quemaron 3.200 ha. Este año, hasta la fecha se han registrado menos incendios y el área afectada disminuyó a 1.354 ha. A pesar de esta aparente disminución, hay que destacar que en años anteriores el número de hectáreas quemadas ha sido considerablemente menor. En la temporada 1998-1999 se quemaron apenas 664 ha, y en la temporada anterior a ésta, 791 ha (Hernández 1999). Desde entonces el porcentaje del parque afectado por las quemas se ha duplicado.

 

La mayoría de los incendios se originan por quemas de basura de los pueblos que viven en los linderos del parque, pero también por quemas para siembras, para ganadería e incluso como consecuencia de cacería ilegal (Hernández 1999). Los incendios se presentan con más frecuencia en el eje que se extiende desde el sector Trincheras hasta Vigirima, aunque con especial importancia en los sectores Nagua-Nagua, San Diego y Guacara. Justo en la zona de mayor riesgo de incendios el trabajo de combate se hace más ineficiente debido a la poca disponibilidad de personal (Hernández 1999).

 

En la vertiente norte, los incendios no son un problema serio. La mayoría de las temporadas de incendios culminan sin afectar los bosques húmedos y nublados de la vertiente norte, probablemente por la elevada humedad de esta zona y por el uso diferente de las tierras.


              

       Hacia el sector Vigirima en la vertiente sur, los incendios son frecuentes

 

 

Amenazas futuras

 

Turismo descontrolado

 

San Esteban cuenta con innumerables atractivos turísticos que incluyen sitios de importancia arqueológica como el museo de Piedras Blancas; histórica-cultural como el Fortín Solano, el pueblo de San Esteban o la Quinta Pimentel; atractivos naturales como el bosque nublado en el camino de los españoles, numerosos ríos y quebradas en la vertiente norte, el arrecife coralino en Isla larga, y las lagunas costeras en Patanemo y sus alrededores; además de las playas de las islas y de la línea de costa entre Puerto Cabello y Yapascua, la cual es asiduamente visitada por turistas locales y foráneos. 

 

San Esteban es visitado anualmente por decenas de miles de personas. Cifras oficiales indican que en el año 2000 unas 92.646  personas visitaron el parque, aumentando a 110.986 visitantes al año siguiente (Lau 2002).

 

Sin embargo, a pesar del diverso panorama de opciones, con la excepción de las playas el resto del parque es poco visitado y en algunos casos hasta desconocido por los visitantes provenientes de otras regiones del país. Debido a lo popular de las playas, casi todo el turismo en el parque se concentra en esa zona, y por lo tanto también los servicios y la presencia de personal y equipo. Un trabajo de investigación preliminar realizado durante la temporada baja, estimó la afluencia promedio de visitantes a Isla Larga en 12.000 personas mensuales (Jorquera y Romero 2002). A pesar de que los servicios funcionan de manera excelente en la Zona Recreativa de Isla Larga, la elevada concentración de turistas podría poner en peligro el buen funcionamiento de la misma y la protección de los arrecifes coralinos alrededor de la isla, uno de lo objetivos del parque.

 

Por otra parte, existe un descontrol casi absoluto de los visitantes y actividades turísticas en otras zonas del parque. El pueblo de Patanemo, la laguna y sus alrededores son frecuentados por gran cantidad de turistas con diferentes propósitos, desde paseos de playa hasta fiestas multitudinarias y conciertos al aire libre. A diferencia de Isla Larga, no existe registro alguno del número de visitantes ni instalaciones de servicios ni de vigilancia. En el pueblo existe un problema relativamente importante de delincuencia que afecta a quienes se dirigen a zonas tanto dentro como fuera del parque. Diferenciar ambas zonas resulta difícil por la falta de señalización y de presencia de autoridades.

 

 En sectores limítrofes con el parque  como Patanemo (izquierda) y Quizandal, que además tienen

        gran afluencia de turistas, la actividad turística no está organizada ni supervisada.

 

La existencia de una alta demanda de turismo, una gran afluencia de visitantes y una carencia casi absoluta de control sobre los mismos, representan en conjunto, una amenaza para el cumplimiento de los objetivos del parque.

 

Crecimiento demográfico

 

Tres de los cuatro municipios que contienen al parque San Esteban presentan tasas anuales de crecimiento geométrico iguales o superiores a la del país (Guacara 3,2%; Valencia 2,1%; Puerto Cabello 1,6%; San Diego 4,9%; Total Nacional 2,2%), lo cual se evidencia en los cambios que sus asentamientos humanos han presentado en los últimos diez años. No todas las poblaciones humanas están ubicadas dentro del parque, sin embargo incluso en aquellas ubicadas fuera, el crecimiento demográfico desmesurado y el cambio descontrolado en los usos de la tierra, aunado a la ausencia de planificación para mitigar sus efectos, son en conjunto una amenaza potencial para el parque en el mediano plazo.

 

A pesar del crecimiento demográfico en los municipios de la vertiente sur, la mayoría de los pueblos alrededor del parque se mantienen en la planicie, sin construir en los terrenos de rocas fragmentadas que caracterizan a gran parte de las faldas montañosas. Sin embargo, desde hace varios años, hay pueblos que han venido creciendo y se han expandido dentro de los límites del parque construyendo viviendas. En algunos casos la construcción se hace ex-profeso, con la intención de conseguir una indemnización por parte de Inparques. En Vigirima esta situación es común y se ha hecho crítica con el tiempo. Los ocupantes no se congregan en pueblos ni caseríos, sino que son casas dispersas aunque suficientes como para causar preocupación a Inparques. San Esteban está contenido completamente dentro del parque, y según datos suministrados por el superintendente, hoy en día cuenta con unos 4.000 habitantes, en comparación con los 1.798 registrados en 1990 por el censo Nacional (OCEI 1994).

 

En el pueblo de Patanemo, por ejemplo, el Instituto de Tierras del Ministerio de Agricultura y Tierras mantiene una política de asignación de parcelas con fines agrícolas, lo cual permite suponer que habrá un incremento en la migración hacia una zona que ya cuenta con pocos servicios, lo cual podría afectar la demanda de recursos como madera, agua y tierras dentro del parque, tal y como ya comienza a verse en los sectores más bajos de la montaña. Existe un riesgo serio de que el crecimiento demográfico de San Esteban, Patanemo y otros sectores afecten negativamente los fines de conservación del parque nacional.

 

Construcción de carretera

 

En 1998 se pretendió construir una carretera para conectar el Apostadero Naval de Turiamo -dentro del Parque Nacional Henri Pittier- con el pueblo de Patanemo, en los límites del Parque Nacional San Esteban. Para tal fin se requería de la deforestación y destrucción total de uno de los pocos segmentos de la línea de costa en Venezuela que no posee vías de acceso terrestre, que se encuentra protegido por dos parques nacionales y por ende exento de intervención humana. Entre los ecosistemas potencialmente amenazados por la carretera se encontraban la Laguna de Turiamo y la Ensenada de Yapascua, dos humedales que se consideran exentos de amenazas (Fundación Tierra Viva 1998). 

 

La decisión fue tomada de forma unilateral y contaba con el apoyo de las Fuerzas Armadas (administradoras del Apostadero Naval) y de los gobernadores de los Estados Carabobo y Aragua, quienes entonces la promovieron como parte de un plan de desarrollo turístico que contemplaba incluso la conexión por carreteras con la zona litoral del Estado Vargas.

 

La propuesta de la carretera contravenía las disposiciones legales ambientales y los planes de ordenamiento territorial vigentes, entre ellos el Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso del Parque Nacional Henri Pittier decretado por el entonces Presidente de la República, Dr. Rafael Caldera, en el cual se prohíbe explícitamente la construcción de carreteras, desarrollos urbanísticos, clubes y complejos turísticos dentro del parque (Reyna 1998). Afortunadamente, la presión ejercida por el movimiento ambientalista a través del congreso nacional, detuvo el proyecto de la carretera y con ella la destrucción de uno de los reductos de biodiversidad de la costa venezolana. A pesar de esta acción, la construcción de esa carretera se ha mantenido en las gobernaciones de Aragua y Carabobo como un proyecto para realizar en el futuro, por lo que es importante mantener la atención dirigida hacia el mismo.

 

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