Información general
Resumen
Descripción
Amenazas
Soluciones
Conclusiones
Referencias

 

 

 

Amenazas Actuales

 

-Debilidad administrativa de INPARQUES

-Falta de personal e infraestructura

-Contaminación por desechos sólidos

-Manejo de aguas servidas

-Pesca Illegal

 

 

Debilidad administrativa de INPARQUES

 

Las actividades de manejo del Parque Nacional Archipiélago de Los Roques se han centrado principalmente en el ordenamiento del pueblo y la actividad turística, sin prestar mucha atención a aquellas áreas no relacionadas con el turismo. En Los Roques existe un gran número de organismos gubernamentales en virtud de los diferentes aspectos que requieren control o supervisión estatal. A pesar de que la función de la Autoridad Única de Área (AUA) es coordinar las funciones de los demás organismos, las jerarquías o áreas de incumbencia no están del todo claras. Igualmente, a pesar de que varios de estos organismos son dependencias del Ministerio del Ambiente, la asignación presupuestaria es marcadamente diferente, lo cual redunda en la capacidad de éstos de ejercer sus funciones adecuadamente.

 

La AUA funciona como una pequeña alcaldía, encargada de proveer servicios públicos a los habitantes de Gran Roque. A pesar de que este es sólo uno de los múltiples aspectos del manejo del parque, es el que recibe más atención y es considerado el más importante, lo cual se refleja en el presupuesto y dimensión de la institución. La mayoría de los ingresos de la AUA provienen de la tarifa cobrada a turistas (más de 400 millones de Bolívares al año), a posadas y otras concesiones, mientras que INPARQUES recibe una asignación insuficiente (30 millones de Bolívares al año) de parte de la administración central y los ingresos propios son escasos. En Los Roques, la AUA cuenta con 50 empleados que trabajan en Gran Roque, mientras que 10 empleados de INPARQUES se encargan de realizar actividades educativas y de vigilancia a lo largo de todo el parque. Esta diferencia en capacidad administrativa se ve reflejada al comparar el resultado de sus funciones en, por ejemplo, la acumulación de basura en las zonas recreativas y en las de mayor protección (ver contaminación de desechos sólidos).

 

Falta de personal e infraestructura

 

El parque cuenta con siete guardaparques activos, la mayoría de los cuales provienen de otras regiones no marinas del país y en algunos casos no cuentan con las destrezas necesarias (nado, navegación y manejo de embarcaciones) para el buen desempeño de sus funciones. Una gran excepción la representa el guardaparque Toribio Mata quien trabaja para INPARQUES desde hace 26 años y es el guardaparque más experimentado de Los Roques. Seis de los siete guardaparques se encuentran en la estación principal de Gran Roque, uno de ellos hace guardias en el puesto de guardaparques de la isla de Dos Mosquises, pero ninguno ocupa el puesto de guardaparques de Crasquí.

 

Por otra parte, INPARQUES no cuenta con suficientes embarcaciones para las labores de vigilancia y control. De las tres lanchas disponibles sólo funciona una que fue recientemente donada por la AECI, y las otras presentan desperfectos mecánicos. La carencia de botes en buen estado así como el hecho de que no todos los guardaparques son capaces de manejarlos, disminuye notablemente la capacidad para vigilar el parque y detectar delitos ambientales.

 

Contaminación por desechos sólidos

 

Durante nuestra visita a las zonas de Protección Integral de Canquí abajo, Canquí arriba e Isla Larga, pudimos apreciar una gran cantidad de basura en la orilla de estas islas. Por otra parte, en la isla Sarqui, que es una zona de Ambiente Natural Manejado, se pudo apreciar una mayor cantidad de basura hacia adentro de la isla. Isla Sarqui es visitada por numerosas embarcaciones en la temporada alta de turismo, a pesar de que no es una zona recreativa visitada por la mayoría de los turistas que llegan a Los Roques por vía aérea.

 

 

En la basura se encontraron principalmente desechos plásticos, botellas y latas de bebidas y de combustible o aceite para embarcaciones. La mayoría de los desechos eran de marcas sin distribución comercial en Venezuela, por lo que suponemos que es arrojada por embarcaciones procedentes de otros países que visitan el parque, tanto de turistas que lo visitan en sus yates como de los barcos "hieleros" que compran productos pesqueros y los venden en otras islas del Caribe. También es posible que alguna parte de esta basura provenga directamente de otros países antillanos y sea arrastrada por las corrientes marinas hasta la costa venezolana en Los Roques. Estos desechos sólidos se acumulan en estas zonas "protegidas" debido a que las actividades de limpieza son menos frecuentes que en las zonas recreativas. La limpieza de las zonas no recreativas está a cargo de INPARQUES, institución que cuenta con menos personal y presupuesto que la AUA.

 

No se observó acumulación de basura ni en la zona Recreativa de Francisquí ni en la zona de Uso Especial en la isla Gran Roque. Esto se debe a que en las zonas recreativas los dueños de concesiones están en la obligación de encargarse de la limpieza de la isla y por otra parte, los operadores turísticos trasladan los desperdicios que generan sus turistas a la isla Gran Roque. En esta isla y en otras zonas recreativas, la AUA mantiene un programa de limpieza dos veces por semana. Además existe un plan de manejo de desechos sólidos, en el que los desperdicios son separados según el tipo de material (plástico, metal, papel) y llevados a una planta incineradora o a tierra firme dependiendo del tipo de material. En el pasado la basura era clasificada por cada habitante o usuario antes de ser transportada al incinerador, hoy en día se hace directamente en el sitio. Por otra parte, hay que considerar que la visita de ParksWatch-Venezuela fue realizada en temporada baja de turismo; sería prudente verificar la eficiencia del manejo de desechos sólidos en las épocas con gran afluencia de turistas.

 

Manejo de aguas servidas

 

La isla Gran Roque no cuenta con un manejo adecuado de las aguas servidas; los pozos sépticos de las casas no reciben un control adecuado y no se limpian con regularidad. Un estudio de la Dirección de Calidad Ambiental del Ministerio del Ambiente determinó en 1999 que las aguas de ciertas playas de la isla Gran Roque presentaban bacterias, hongos y densidades de coliformes fecales por encima de los límites permisibles establecidos en la ley. Investigadores que trabajan en el parque han reportado olores fétidos durante la estación lluviosa. Uno de los guardaparques nos explicó que los malos olores se propagan cuando el nivel freático sube y recoge las aguas servidas filtradas de los pozos sépticos a los que les falta mantenimiento. Es necesario evaluar si el escaso manejo de las aguas servidas en Gran Roque podría estar afectando al ecosistema marino del resto del parque y a los habitantes de la isla.

 

Pesca ilegal

 

La sobrepesca de ciertas especies altamente cotizadas en el mercado ha venido afectando seriamente a las poblaciones del parque, incluso desde antes de que el archipiélago fuera decretado parque nacional. Las principales especies afectadas son el botuto (Strombus gigas) y la langosta (Panulirus argus), ambos con producciones mayores al 90% del total nacional para 1987 (Posada y Álvarez 1988). Estudios llevados a cabo por la Fundación Los Roques determinaron que casi el 70% de los botutos pescados eran juveniles y que el porcentaje de ejemplares adultos se había reducido en un 17,6% (Posada y Álvarez 1988), por lo cual se decretó veda total para el gasterópodo desde 1991.

 

A pesar de la veda, la pesca de botutos ha continuado de manera furtiva provocando altercados entre el personal de INPARQUES y algunos pescadores, quienes incluso en una ocasión agredieron a los guardaparques y al personal de la estación biológica. La magnitud de la pesca de botutos se evidencia al observar las enormes montañas de conchas muertas que hay en Isla Fernando, La Pelona, Cayo Sal y Carenero entre otras. La pesca ilegal se intensifica durante los meses de abril a noviembre cuando está prohibida la captura de langostas (Matos 2000). En dos horas de faena se pueden capturar hasta 700 botutos (Posada y Álvarez 1988). De manera similar, la langosta se encuentra protegida durante la época reproductiva, pero la pesca fuera de temporada o de especimenes de tallas menores a las permitidas es frecuente (Yallonardo 2001).

 

La pesca en zonas no permitidas es una de las violaciones más comunes dentro del parque. Generalmente los pescadores no reportan la totalidad de su pesca a la inspectoría de pesca (actualmente SARPA). En 1987 una investigación determinó que durante la temporada de pesca se extrajeron 1.316.327 kg de peces y sólo se reportaron 277.062 kg a la inspectoría (Posada y Brunetti 1988). La principal razón para no reportar la pesca es que gran parte de ésta se comercia ilegalmente en otros países como Martinica, Curazao y Bonaire, donde los precios son mejores. Otras especies también son explotadas ilegalmente. Por ejemplo, en 1996 unos 500 kg de pepinos de mar (Holoturia mexicana) valorados en 150.000 US$ fueron decomisados en Los Roques a bordo de una embarcación con destino a Japón.

 

En cuanto a las tortugas marinas que viven en el parque, Guada y Vernet (1992) estimaron que la captura ilegal de tortugas es de 500 individuos al año. Un estudio reciente determinó que aproximadamente 30% de los nidos de las cuatro especies de tortugas que anidan en el parque, son saqueados por humanos (De los Llanos 2002).

 

 

AMENAZAS FUTURAS

 

Crecimiento poblacional

 

La población actual de Los Roques es de 1.209 habitantes según datos del censo realizado por la AUA en el año 2001. A pesar de que no existen otros censos de similar calidad, a partir de la estructura de edades de la población es posible apreciar una tendencia momentánea al crecimiento. El 54% de la población total es menor a 28 años de edad y casi el 30% es menor a 16 (AUA 2001). Un sector importante de la población (22%) se encuentra entre los 28 y 40 años de edad y tienen menos de 10 años viviendo en la isla (AUA 2001), al parecer, atraídos por la demanda de personal para la industria turística desde 1990.

 

Esta tendencia al crecimiento poblacional es en sí una amenaza debido a la limitación espacial que existe para la urbanización y al colapso de los servicios públicos que actualmente son deficientes. Como consecuencia de ello el hacinamiento de personas es elevado. Hay unas 40 familias sin vivienda, a 24 de las cuales se les va a otorgar una casa antes de que finalice el presente año (AUA 2002). La demanda por terrenos amenaza con incrementarse dramáticamente en los próximos cinco años si las tendencias migratorias y reproductivas se mantienen al nivel actual.

 

Crecimiento de la industria turística

 

Debido a los suntuosos ingresos que el turismo ha generado durante los últimos 10 años en el parque, INPARQUES y la AUA han manifestado el deseo de incrementar la actividad turística en Los Roques. En ambas instituciones se comenta de manera informal el deseo de aumentar el número de posadas e incluso de permitir el acceso a otros sectores hoy en día restringidos. Sin embargo no existen estudios que determinen de qué manera un incremento en el número de posadas podría afectar tanto la ecología como la economía del parque.

 

                      

                               Posadas turísticas en Gran Roque

 

En la actualidad la industria turística se encuentra prácticamente monopolizada por Aerotuy. El 49% de los turistas usan su línea aérea, 43% de los visitantes internacionales y 27% de los nacionales se alojan en sus posadas (10% del total) y el 33% de los turistas venezolanos compran los paquetes turísticos en su agencia de viajes. Antes de incrementar el número de posadas es necesario modelar el comportamiento de la economía del parque a fin de poder predecir con menos riesgo si este incremento va a mejorar realmente los ingresos de los habitantes de Gran Roque y beneficiará al parque. Con el funcionamiento actual de la industria turística en Los Roques es posible que muchas de las posadas no estén percibiendo ingresos suficientes a lo largo del año, por lo que la solución no sería construir un mayor número de éstas sino evaluar primero las causas de la desigualdad en la demanda de las posadas.

 

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