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Descripción
Amenazas
Soluciones
Conclusiones
Referencias

 

 

 

La Laguna del Tigre es un área amenazada críticamente que está fracasando en la conservación de la diversidad biológica que alberga.  El abandono que ha sufrido en los últimos años es alarmante y ha favorecido la realización de todo tipo de actividades ilegales de difícil control.  En el caso de que no se den soluciones inmediatas a las amenazas que tiene, es muy probable que el área pierda la gran mayor parte de sus valores en muy corto plazo de tiempo.

 

La presencia humana permanente y la ingobernabilidad han traído consigo la destrucción del hábitat, los incendios y la caza, que son las principales amenazas directas para la conservación de las tres especies amenazadas globalmente que habitan el área protegida.  Al menos la mitad del hábitat de alta calidad para el tapir (Tapirus bairdii) y el mono aullador (Alouatta pigra) está fuertemente amenazado, y es probable que las poblaciones de las tres especies hayan disminuido o estén localmente erradicadas en la parte central y sur, en los alrededores de los lugares más poblados, como lo indica la información recogida para el presente informe.  No obstante lo anterior, el conocimiento del estado de las tres especies es escaso y en buena parte anecdótico, por lo que no se sabe a ciencia cierta cuál es la repercusión real que han tenido los principales problemas sobre ellas.  Los mapas de calidad potencial de hábitat y amenazas realizados para el presente reporte sugieren que las áreas donde probablemente haya mejores perspectivas para su conservación están en el norte y este del Parque Nacional Laguna del Tigre y en sus alrededores, sobre el corredor biológico que une el parque con el Mirador Río Azul y en la zona de uso múltiple de la Reserva de la Biosfera Maya. 

 

La falta de personal y presupuesto limitó mucho el control del parque y del biotopo en el pasado.  Sin embargo, el importante aumento del presupuesto que obtuvo la Laguna del Tigre en el año 2004 ha mostrado que esta medida no es efectiva si no está acompañada de la voluntad de hacer cumplir estrictamente la ley.  A pesar de que en la actualidad se ha doblado el personal para el control, y de que a través del Comité para la Defensa y la Restauración del Parque Nacional Laguna del Tigre se cuenta con la participación de los principales actores relevantes para la toma de decisiones, las perspectivas más optimistas apuntan a que el área perderá entre un 40% y 50% de su superficie, en beneficio de los ocupantes ilegales que la han ido usurpando desde su creación.  Es innegable que la situación ha mejorado mucho con respecto a años anteriores y que las autoridades actuales han mostrado mayor voluntad de enfrentar las graves amenazas del parque, aunque los retos que quedan son aún abrumadores.

 

La presencia humana permanente es un asunto que los tomadores de decisión consideran muy delicado, razón por la que lo están enfrentando de manera débil y confusa.  A pesar de que el Decreto 5-90 establece claramente que en las zonas núcleo de la Reserva de la Biosfera Maya está prohibida la presencia humana permanente, se está permitiendo que las comunidades asentadas de manera ilegal permanezcan en el área.  La firma de acuerdos de permanencia con los invasores es más un intento de evitar enfrentamientos sociales que un esfuerzo para solucionar las amenazas de la Laguna del Tigre.  Esta evidente debilidad supone una altísima incertidumbre para el futuro del área protegida.

 

La capacidad real del CONAP para controlar las actividades realizadas por los habitantes asentados de manera ilegal en la Laguna del Tigre es escasa, pues no tiene el apoyo político necesario para hacerlo, ni suficiente personal ni presupuesto para ello.  La información comparada de la Laguna del Tigre con otras áreas de la Reserva de la Biosfera Maya muestra que ésta tiene un presupuesto cinco veces inferior y menos de la mitad de personal que el Parque Nacional Tikal.  En este contexto, la firma de acuerdos de permanencia con los ocupantes a los que hay que controlar, es una medida que difícilmente ayudará a bajar las presiones sobre el área, pero que debilita desmesuradamente su estatus de protección. Así mismo el crecimiento natural de la población en las comunidades asentadas y la falta de certeza sobre el presupuesto que se va a destinar a la Laguna del Tigre a partir de 2006, suponen dos incógnitas más que hay que añadir al incierto futuro del área.

 

La presente evaluación muestra que la mayoría de los problemas de la Laguna del Tigre son críticos y que están impactando de manera muy negativa al área.  Con una población establecida de manera ilegal que ha crecido más del 600% desde la creación del área, la ingobernabilidad ha ido en aumento.  Los datos de deforestación en los últimos dos años han alcanzado una tasa cercana al 2%, lo que indica un rápido deterioro del hábitat por pérdida directa o fragmentación.  A esto hay que añadir los incendios forestales provocados, que han afectado ya más de la mitad de la Laguna del Tigre.  En estas circunstancias las decisiones que se tomen sobre el área deben ser muy cuidadosas, tanto en lo que respecta a su manejo como a las inversiones que se deben realizar en ella.

 

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