Información general
Resumen
Descripción
Amenazas
Soluciones
Conclusiones
Referencias

 

 

 

Las amenazas sobre el ecosistema del monumento cultural Ceibal son muy altas y complejas. Es un área cuyos alrededores han sido totalmente deforestados, tiene muy pequeño tamaño, y está sufriendo el llamado efecto isla (SEGEPLAN / PROSELVA, 2000) La influencia humana, tanto en el interior del área protegida como en su zona de amortiguamiento es altísima, lo que ha provocado la desaparición de la mayoría de los mamíferos mayores. Este hecho ha provocado dos reacciones encontradas:

 

1. Por una parte, el CONAP decidió replantearse el manejo de esta área (Paiz, 2001, com. pers.), de forma que estuviera integrada con otros ecosistemas cercanos. Es por ello que se decidió formar el llamado Complejo II de las áreas protegidas del sur de Petén, en el que se incluyen, aparte de Ceibal, otras cuatro áreas protegidas, que tienen en conjunto cerca de 27,000 ha de zonas núcleo. A pesar de que con este planteamiento se ha intentado reducir el asilamiento creciente de las zonas núcleo del Complejo II, la tarea es muy difícil y de inciertos resultados.

 

2. Por otra parte, la alta influencia humana, el aislamiento de las zonas núcleo del Complejo II y la profundidad de los problemas que enfrentan, han provocado que muchas organizaciones hayan decidido centrar sus esfuerzos en la selva tropical del norte de Petén y abandonar las del sur. Este planteamiento se refleja en ocasiones en el mismo CONAP, que centra muchos de sus esfuerzos en la reserva de la biosfera Maya, incluyendo el presupuesto de la institución (CONAP, 1999c).

A continuación se describen los principales problemas que enfrenta el monumento cultural Ceibal:

 

  Descoordinación de funciones en la administración
  Escasez de presupuesto
  Inseguridad por actividades ilícitas
  Invasiones
  Incendios forestales
  Tala ilícita
  Cacería ilegal y captura de especies silvestres 
  Depredación del patrimonio arqueológico

 

Descoordinación de funciones en la administración

 

Al igual que ocurre en otras áreas protegidas con administración conjunta entre el CONAP y el IDAEH, existe una gran falta de coordinación entre ambas instituciones. Esta falta de coordinación no es tan crítica como en otros parques, pues al menos en altos niveles se coincide en las estrategias de corto y mediano plazo (CONAP, 1999d; IDAEH, 1999), a saber, la conservación y el fomento del turismo.

 

En el campo las patrullas de ambas instituciones trabajan de forma descoordinada y sin apenas contactos entre ellos. En las visitas realizadas al área, ParksWatch ha comprobado que casi no hay comunicación entre los trabajadores de una y otras institución y que, a pesar de estar trabajando en el mismo lugar, los empleados del CONAP y del IDAEH no se sienten parte del mismo equipo.

 

A pesar de que en Ceibal hay un guardabosques por cada 100 ha -número muy superior que la mayoría de áreas protegidas de Guatemala, por ejemplo en comparación a el parque nacional El Mirador con un guardabosques para 3.000 ha-la falta de coordinación hace que su trabajo sea poco efectivo. En muchas ocasiones se doblan esfuerzos y se emplea más gente de la necesaria para tareas cotidianas, lo que se evitaría si hubiera una buena organización entre ellos.


 

Escasez de presupuesto

 

El presupuesto de personal por hectárea (US $ 23,80/ha) en Ceibal es alto, sobre todo si se compara con la media con la que cuentan el IDAEH y el CONAP para las áreas que administran conjuntamente en Petén, que es aproximadamente US $ 2,13/ha (basado en el presupuesto 1999 de IDAEH y CONAP en Petén). El problema radica en que el área no tiene un presupuesto propio, por lo que, al compartirlo con otras áreas protegidas, se vuelve escaso para todas.

 

La falta de presupuesto se manifiesta, sobre todo, en la infraestructura y equipo del personal de campo. En nuestras visitas a la zona, por ejemplo, los guardabosques del IDAEH nos han informado reiteradamente que deben hacer un fondo de su salario para comprar combustible para la bomba de agua.

 

El equipo es evidentemente escaso. Los campamentos de los guardianes están en las mismas instalaciones preparadas para el turismo, y consisten en poco más que hamacas con mosquitera bajo un área techada con palmas. Los guardabosques comentan que parte del equipo que utilizan es de su propiedad. No cuentan con vehículo permanente y su único armamento son los machetes, que usan para limpiar y realizar las patrullas. La moral de los empleados de campo es baja. No sienten tener el suficiente equipo, ni la seguridad, ni la autoridad para cuidar apropiadamente el monumento cultural.


 

Inseguridad por actividades ilícitas

 

El área de Sayaxché es uno de los lugares de Petén que más conflictos ha tenido con relación al cultivo y tráfico de drogas. Este hecho ha causado muchos conflictos en el ámbito social, de los que los administradores del área no se han librado. Según las palabras de uno de los altos dirigentes del CONAP, el trabajo de manejo de las áreas protegidas de la zona de Sayaxché - y por tanto de Ceibal - es casi caótico debido a la inseguridad provocada por el narcotráfico.

 

Invasiones

 

Una de las más serias amenazas de Ceibal son las invasiones humanas. En 1999, los monumentos culturales Ceibal, Aguateca y Dos Pilas tenían un estimado de 194 ha invadidas por 188 familias (PROSELVA, 2000). Entre 1997 y 1999, se detectaron seis grupos y comunidades que habían invadido estas áreas, y en el 2000 dos nuevos grupos ocuparon Ceibal y Dos Pilas.

 

El problema es complejo, pues el monumento cultural parece ser uno de los lugares emblema para el movimiento de los campesinos desposeídos en búsqueda de tierra. Algunos de los grupos que han invadido el área son campesinos en tránsito hacia lugares más al norte, mientras que otros forman comunidades con cierto grado de organización y coherencia, dispuestas a permanecer en el área por largo tiempo.

 

Indudablemente, la fácil accesibilidad del área protegida, situada al lado de un río navegable, con áreas de ingreso fáciles y con un entorno totalmente deforestado, ha sido uno de los factores clave para que se lleven a cabo las invasiones. Bajo nuestro criterio, un factor que ha influido con igual o más fuerza que la facilidad de acceso para la invasión del área es la política que están impulsando los administradores de comprar tierras para los invasores. En las condiciones del país, esta práctica se ha convertido en un aliciente para que nuevos grupos de campesinos quieran intentar solucionar su situación de pobreza a costa del monumento cultural. Si bien es cierto que la compra de tierras para los invasores ha contribuido, en algunas ocasiones, a que los ocupantes se marchen del área protegida, también lo es que no ha acabado, en absoluto, con la toma ilegal de tierras: periódicamente nuevos grupos llegan a invadir el área protegida.

 

Como se ha explicado anteriormente, en el momento de nuestra visita, uno de los dos grupos que estaba ocupando ilegalmente la zona norte de Ceibal había sido desalojado unos meses atrás. Después de largas negociaciones, se les había ubicado en terrenos comprados para ellos pero, debido a las malas condiciones de la nueva tierra, los campesinos decidieron volver al área protegida e iniciar el proceso nuevamente, reclamando tierras de mayor calidad.

 

Los invasores talan y queman el bosque para cultivar maíz y frijol, mientras que para completar su dieta e ingresos, cazan, pescan y capturan animales en el área protegida (SEGEPLAN/PROSELVA, 2000) En época de siembra, los focos de incendios principales de la zona provienen de las tierras agrícolas aledañas y de los lugares con invasiones. Los guardabosques comentan que es difícil controlar a los ocupantes, pues para ellos es peligroso capturar o denunciar a alguno de los invasores, además de que esto podría entorpecer las negociaciones de reubicación. La población tradicional de Sayaxché, que según los guardabosques de CONAP está bastante consciente de la importancia de preservar el área, se muestra molesta por las invasiones, y en ocasiones han amenazado con ocupar el área si no se acaba definitivamente con el problema.

 

Incendios forestales

 

En 1998, el total de área incendiada en el departamento de Petén fue de 624.255 ha (COE, 2000). Los incendios forestales principales se situaron en el área de Sayaxché y en la Reserva de la Biósfera Maya. A pesar de que tanto en 1999 como en el 2000 el área incendiada fue mucho menor, un 0,27% en 1999 y un 23,26% en el 2000, con respecto al área quemada en 1998 (COE, Ibíd.), el problema es muy preocupante para las áreas protegidas guatemaltecas.

 

Los incendios forestales son un enorme problema en Ceibal. Todos los años alguna parte del bosque se quema, reproduciéndose un problema que está afectando a todo el Complejo II de las áreas protegidas del sur de Petén. Los tres principales causantes de los incendios en la zona son los descuidos en las áreas agrícolas aledañas (INAB, 2000), la tumba y quema para la agricultura, y el descontento por la existencia de un área protegida (SEGEPLAN/PROSELVA, 2000).

 

Los mapas de incendios del área de Sayaxché muestran que una parte considerable del norte y oeste del monumento cultural ha sufrido quemas entre 1998 y 2000 (CEMEC/CONAP, 1998; 2000). Los guardabosques aseguran que el principal foco de incendios dentro de Ceibal proviene de las áreas invadidas, lo que está en consonancia con los mapas de incendios del CONAP. Una de las principales labores de vigilancia entre los meses de febrero a abril está dedicada al control del fuego.

 

Tala ilícita

 

Es un problema que se está dando en la zona de Sayaxché, aunque no se sabe con exactitud cómo puede estar afectando al monumento cultural Ceibal. La tala se ha dado históricamente en la zona, sobre todo de especies con alto valor de mercado, como la caoba y el cedro. Según los inventarios forestales, ambas especies son ahora escasas, lo que indica que Ceibal ya no es una fuente principal de la madera ilegal que sale de las áreas del sur de Petén. La tala no comercial para convertir el bosque en tierras de cultivo sí es un problema importante, sobre todo en la parte norte del monumento cultural.

 

Cacería ilegal y captura de especies silvestres

 

El 55% de la población económicamente activa de Petén trabaja en la agricultura, forestería, pesca y caza. En el Complejo II, donde se encuentra el monumento cultural Ceibal, CONAP/PROSELVA calcula que el 16% de la población tiene una fuente de ingresos en la caza o captura especies. Las principales especies amenazadas en el monumento cultural son el cocodrilo (Crocodylus moreletii), el oso hormiguero (Tamandua mexicana), el mono aullador (Alouatta pigra), el tucán (Ramphastos spp.) y las rapaces. La cacería se práctica con el apoyo de perros y suele estar dedicada, sobre todo, al consumo familiar y en ocasiones a proveer a los restaurantes de la zona (PROSELVA, 2000).

 

Los guardabosques comentan que es muy difícil controlar a los cazadores furtivos, pues no tienen autoridad para detenerlos y, además, no van armados. El tráfico de fauna silvestre se da en especies de aves que alcanzan un alto valor comercial, como el loro real (Amazona farinosa) (Bjork, 2001, com. pers.) y el tucán. Según los administradores del área, la cacería y el tráfico de animales ha erosionado mucho la diversidad biológica de Ceibal y otras áreas protegidas del sur de Petén.

 

Depredación del patrimonio arqueológico

 

Como se explica más arriba, uno de los rasgos sobresalientes del monumento cultural Ceibal es su patrimonio arqueológico. La depredación a la que ha sido sometido viene de años atrás. Los esfuerzos de los empleados del IDAEH están centrados en controlar la depredación y han aumentado sus esfuerzos desde 1998. Sin embargo, los resultados son inciertos.

 

Los guardianes de campo del IDAEH aseguran que la depredación actual es escasa, y que las patrullas han sido cada vez más efectivas. A pesar de esto, parece contradictorio que se muestren incapaces de controlar las actividades de los invasores del monumento cultural, y que sí lo sean de controlar la depredación, muy bien organizada, del patrimonio arqueológico. En entrevistas mantenidas con funcionarios del CONAP y del IDAEH se manifiesta abiertamente que el saqueo de bienes arqueológicos sigue siendo preocupante en Ceibal y otros monumentos arqueológicos cercanos.

 

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