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Amenazas
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Referencias

 

 

 

El Parque Nacional Carrasco cuenta con amenazas importantes y diversas, desde las consideradas directas como otras que no actúan directamente sobre la biodiversidad y los recursos naturales, pero que crean escenarios propicios para que las actividades humanas se vuelvan nocivas y no puedan ser controladas o manejadas. Entre estas se pueden identificar:

 

PRESIONES:

 

- Asentamientos ilegales e invasiones

- Agricultura

- Extracción de madera

- Ganadería

- Caza y pesca

- Explotación de hidrocarburos

 

AMENAZAS:

 

- Cultivo de la coca para el narcotráfico

- Resistencia social

 

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PRESIONES

 

Asentamientos ilegales e invasiones

 

La presión más importante en el PNC es actualmente la presión invasora. Existen varios factores que determinan este fenómeno y la incapacidad del gobierno por evitar esta situación. La presencia de grupos sociales activos en la lucha social a nivel nacional, su involucramiento en la problemática de la coca, la negación casi total de la existencia de las áreas protegidas la existencia de zonas silvestres “desocupadas” entre muchas razones, las incursiones repetidas del Movimiento Sin Tierras (MST) e la zona, promueven una presión de colonización en el PNC difícilmente controlable.

 

En los últimos años la autoridad de la administración del parque ha sido perforada y minimizada, hecho por el cual se han producido nuevos asentamientos en diferentes lugares del parque (Vandiola, Colomelín, Karahuasi, etc), poniendo en riesgo la integridad de toda el área protegida. Esta nueva situación ha ocasionado que la actitud de los campesinos con los cuales se consensuó el establecimiento de la Línea Roja sea de no respetar sus acuerdos y sumarse a los procesos de avasallamiento.

 

No obstante todos los elementos citados, el cultivo de la coca para el narcotráfico es el factor más importante detrás de estos procesos, y la violencia que lo caracteriza explica la incapacidad de la administración del parque a repeler esta amenaza.

 

La Ley N °1.008 de tráfico de sustancias controladas establece áreas de cultivo tradicional de coca (legales), una de las cuales corresponde a los denominados “Yungas de Vandiola”. La falta de definición geográfica de esta última ha hecho que los sectores interesados busquen el reconocimiento de todo parque nacional como “Vandiola”, lo que han logrado en cierta medida dado que aún no se ha iniciado ningún proceso judicial contra un productor en esta región.

 

Por otra parte, la zona originalmente llamada Vandiola fue colonizada una primera vez en los años 1935 a 1940, y hoy en día los hijos, nietos y bisnietos de los primeros colonos, que dejaron sus tierras para trabajar en las ciudades, quieren volver a ocupar y cultivarlas, considerando que son suyas. Este movimiento está encabezado por un líder, que es aparentemente responsable de la segunda ola de colonización que ocurrió en septiembre de 2002 (Km 114 del camino antiguo a Cochabamba).

 

Existen otras zonas del área que presentan asentamientos con características distintas, por ejemplo en el sector occidental las familias que se asientan son antiguos residentes del área. En cuanto a los invasores en otros sectores, éstos vienen de varias comunidades, vinculadas al Movimiento Sin Tierra (MST). Por otra parte, la Ley de Participación Popular creó secciones (nivel de sub-canton), quedando el parque en las secciones Puerto Villaroel (4°) y Pojo (5°). Recientemente se creó una 6° sección y en el marco de la ley mencionada, cuanto más comunidades y habitantes tiene una sección, cuanto más recursos se puede obtener del Estado. Esta es otra razón que vulnera al área protegida frente a los asentamientos espontáneos (1).

 

 

  Asentamientos nuevos en el Parque Nacional Carrasco. Fuente: SERNAP, 2003.

 

Con respecto al control que los guardaparques pueden ejercer, éste es muy limitado debido a la violencia latente y la existencia de armas en los grupos que ingresan al área protegida. En algunas ocasiones se ha contado con el apoyo de la policía nacional, sin embargo no ha sido suficiente para detener el proceso.

 

El mayor problema con los asentamientos, es que estos se sumergen en la protección del conflicto de la coca. El Estado boliviano en la actualidad ha perdido su capacidad de hacer cumplir su normativa y la mayor parte de los problemas se resuelven por vías políticas y no jurídicas. Cuando un grupo se asienta, difícilmente es removido del sitio y si esto no ocurre el asentamiento tiene grandes posibilidades de consolidarse y consigo se inicia la cadena destructiva del entorno silvestre y se hace aún más compleja la gestión del área protegida.

 

Agricultura

 

Como se ha mencionado, el PNC está habitado por grupos campesinos y colonos provenientes de tierras altas que tienen como principal actividad la agricultura. Los grupos originarios desaparecieron hace mucho tiempo de la zona.

 

Toda el área que tiene asentamientos es sometida a desbosques para la siembra de cultivos. A pesar de que los habitantes, tanto en la zona norte como en la zona sur, se dediquen principalmente a la agricultura de baja escala y de autoconsumo, el problema radica en el número de familias involucradas y en las prácticas que utilizan: los chaqueos se realizan frecuentemente en pendientes superiores al 40%. Sin medida de recuperación de suelos o aportes artificiales (fertilizantes), estos suelos tienen una muy una limitada capacidad para el desarrollo de la agricultura intensiva y tienden a deslizarse o agotarse en muy poco años, obligando los productores a constantemente habilitar nuevos terrenos. Considerando la alta pluviosidad (entre 3000 y 7000 mm anuales en la zona norte, la más alta del país), y la delgada capa cultivable de los suelos selváticos del Carrasco, la verdadera vocación de estas tierras es forestal.

 

Dentro del parque, los cultivos más comunes son:

 

- Zona Norte: maracuya, pimienta, palmito, cítricos, plátano, arroz, papa, yuca y maíz (sin embargo, el de mayor importancia económica es el cultivo de la coca, que se discute más adelante);

 

- Zona Sur: locoto, tomate, vaina, achojcha, papa, lacayote y pepino a lo largo del antiguo camino al Chapare.

 

La zona norte del PNC es la más afectada por la actividad agrícola ya que el espacio comprendido entre el límite norte del parque y la Línea Roja consensuada ha sido fuertemente deforestado, quedando un paisaje altamente fragmentado con algunos parches remanentes de bosque. Lo preocupante es que esta modificación se ha dado en uno de los ecosistemas más diversos del área protegida, el pie de monte.

 

Según el antiguo director, Osvaldo Aramayo, la introducción del programa de desarrollo alternativo en el Chapare habría incrementado y acelerado el proceso de desbosque. Una serie multitemporal de imágenes de satélite demuestra que han las mayores tasas de deforestación en la zona coinciden con la implementación de este programa.

 

Un estudio realizado por el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado (MHNNKM) estimó que en el interior del Parque Nacional se habían deforestado en el año 2000 alrededor de 11.392 has de bosque primario, además de unas 10.774 has de bosques secundarios, alcanzando un 3,2% de la superficie del parque (2).

 

  

    Mapa de Vegetación del Parque Nacional Carrasco. Fuente: MHNNKM, 2000.

 

Extracción de madera

 

Existen dos problemáticas en relación a la extracción forestal en Carrasco, una en el sector norte que involucra especies como la mara (Swietenia macrophylla) (que se encuentra todavía en relativa abundancia en este sector), sangre de toro, gabún, tequeyeque, trompillo y laurel. Otra en el sector sur, donde la presión se ejerce sobre otras especies. Los bosques de Polylepis al sur del Distrito Sehuencas se encuentran por su parte afectados por la recolección de leña con fines comerciales para la producción de carbón. Al suroeste del distrito se registra tala de aliso con fines comerciales para la producción de palitos y mordadientes.

 

 - En la zona norte las especies valiosas se encuentran hacia el interior del área protegida por detrás de la Línea Roja. Aunque, el espacio que quedó fuera de la Línea Roja fue muy explotado, permanecen algunas manchas de especies maderables todavía aprovechables, las que se encuentran en la actualidad a merced de los madereros ilegales, o cuartoneros. La extracción forestal es la fase previa al chaqueo y forma parte de las consecuencias de la prohibición del cultivo de la coca en el Chapare, debido a que la baja rentabilidad familiar que ocasiona la medida gubernamental, empuja a los campesinos a buscar otros recursos que llenen esos vacíos económicos. No obstante la fuerte presión, los habitantes de muchas comunidades suelen denunciar a los infractores (3).

 

       

Las actividades de erradicación de la coca aumentan la presión sobre los recursos madereros remanentes en el interior del parque. Foto: LD

 

- En la zona sur, entre 1952 y 1972 Karahuasi fue el campamento de la empresa Johanson dedicada a la explotación de madera, la cual alcanzó a tener 800 obreros. Hasta el presente aún se mantiene la infraestructura deteriorada. En ese tiempo se hicieron caminos de penetración en todas direcciones para sacar troncas. Las especies más explotadas fueron el nogal, laurel, cedro y aliso, los últimos para una fábrica de fósforos que ya no existe (4).

 

Ganadería

 

Si bien la ganadería actualmente no es considerada como una presión grave por la administración del área, el problema radica en que la demanda de áreas de pastoreo está creando problemas con los límites actuales del PNC (5).

 

Se empezó a reportar actividad ganadera en el interior del PNC en 1995. Se trata de una ganadería de tipo extensiva y de baja escala, ubicada principalmente en las partes altas de la zona sur del parque. En la zona oeste se registra ganado de altura como llamas y ovejas, así como vacunos y caballos en pequeñas cantidades. Los propietarios tienen derecho a llevar su ganado a la zona de uso tradicional, y los problemas de sobrepastoreo son aún muy localizados.

 

En el centro sur y sureste del área protegida se practica la ganadería vacuna temporal (transhumante) en zonas de ceja de monte y bosques nublados. Este tipo de ganadería es una práctica antigua que consiste en llevar a los animales en épocas secas cuando hay escasez de alimentos y agua en las zonas de valle. Dependiendo del número de animales y la frecuencia se pueden registrar impactos en el bosque por pisoteo y desctrucción de los plantines de árboles y helechos arborescentes. Además se convierte en un vehículo para la introducción de plantas exóticas a través de los heces.

 

      

             Vacas y caballos en la zona de Puna, Sector Colomi. Foto: SP

 

Caza y pesca

 

En el área protegida existe actividad de caza y pesca que no ha sido cuantificada, la que podría constituirse en una presión considerable debido a la alta dispersión de los asentamientos humanos, el conflicto social existente y la creciente pérdida de hábitats por la conversión de tierras. Ambas actividades son muy difundidas y se registra en todas las zonas colonizadas. Dentro de la Línea Roja el control es estricto, y se decomisa todo equipo cuando se encuentran infractores.

 

- En la zona norte, al igual que las otras actividades, la caza es menos controlada en la faja del parque ubicada fuera de la Línea Roja, y probablemente muchas poblaciones de animales y se encuentran deprimidas o extintas en esta zona. En ocasiones se encuentra gente cazando al interior de la Línea Roja y se registra un aumento de la actividad. No obstante, cabe señalar que los guardaparques de casi todos los distritos consideran que la caza se practica aún con una intensidad mediana a baja.

 

Las especies más buscadas son: anta (Tapirus terrestris), jochi (Agouti paca) y venado (Mazama sp.). Los métodos más usados son las armas de fuego, perros y trampas. La caza no solo es practicada por los comunarios que generalmente la hacen con fines de subsistencia, sino también por cazadores externos con fines comerciales.

 

La pesca tiene mayor importancia en la zona norte, al ser esta la parte baja y contar con ríos más caudalosos. Los ríos que registran una importante actividad pesquera son: Ichilo, Leña, Chimoré, Ayopaya y otros menores.

 

La pesca se realiza con fines comerciales y de subsistencia. Las especies más buscadas son: pacú (Colossoma macroponum), sábalo (Prochilodus nigricans), surubí (Pseudoplatystoma sp.), doradillo, soba y zapato, y los equipos que se utilizan son: arpones, anzuelos, redes, atarayas (red lanzada), barbasco (veneno) y dinamita, las dos ultimas prácticas totalmente prohibidas. Los usuarios del recurso piscícola son los vivientes del área protegida como gente externa que suele adentrarse al parque desde la carretera a pescar.

 

       

La pesca con dinamita es practicada por los antiguos mineros del altiplano, que desconocen o desprecian las técnicas menos dañinas de los lugareños. Foto: LD

 

- En la zona sur del área protegida, los asentamientos humanos datan de mayor antigüedad, lo cual puede haber ocasionado que se tenga una mayor relación con la fauna silvestre y que el número de presas también sea diferente. De hecho en esta zona las especies buscadas son mucho más variadas y la intensidad de caza también es mayor. Forman parte de las presas: chanchos de tropa (Tayassu pecari), monos, venados, tejones (Nasua nasua), loros, osos andinos (Tremarctos ornatos), etc.

 

En la zona de Sehuencas, al sur del parque, se practica hace décadas la pesca deportiva.

 

Incendios

 

No se cuenta con registros sistemáticos de fuegos, tampoco se ha hecho monitoreo de esta problemática.

 

Los fuegos se producen sobre todo en la zona sur del parque debido a que la gente que tiene ganado, incendia los pastizales para renovar los pastos, pero la quema generalmente es descontrolada y puede afectar a grandes superficies y ecosistemas frágiles.

 

En los páramos altos, el fuego puede ocasionar extinciones locales y modificación del hábitat por reemplazo de especies más resistentes, lo que afecta tanto la dinámica hídrica como la biodiversidad del ecosistema.

 

       

              Las quemas descontroladas producen daños inutiles. Foto: SP

 

Explotación de hidrocarburos

 

Existen cuatro pozos sobrepuestos con el PNC, aunque fuera de la Línea Roja, en la zona noreste. En la actualidad, el único campo petrolero en funcionamiento es Bulo Bulo.

 

La empresa petrolera Chaco S.A. (filial de AMOCO) se adjudicó pozos cerca del PNC ya antes explorados por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). En la zona de influencia del área protegida, en la localidad de Entre Ríos se encuentra el campo más importante de esta empresa, el “Campo Carrasco”, donde se han perforado quince pozos (6).

 

Los impactos ambientales y sociales generados por la actividad extractiva han sido notorios en “Campo Carrasco”, de hecho las Federaciones campesinas de la zona han denunciado de manera continua la contaminación de sus cultivos por rebalses de las fosas de lodos, abortos en el ganado y degradación irreversible de suelos. Ante la situación, la empresa inició una estrategia de indemnización, pero con la característica de pagar el valor actual y no el potencial de lo perdido, se otorgaron “regalos” como una posta médica y un Plan de Sanidad Ambiental. Sin embargo, en ningún momento se efectuó una compensación real de los daños ocasionados.

 

Según el estudio del MHNNKM, la empresa petrolera Chaco S.A. aparentemente habría cumpliendo con las medidas de mitigación requeridas por la Dirección General de Impacto, Calidad y Servicios Ambientales (DGICSA) para sus actividades en el bloque Chimoré I dentro del PNC, y contribuido fondos para la realización de estudios ecológicos (7).

 

No obstante, cabe señalar que la legislación boliviana tiene serias deficiencias en relación a los Estudios de Impacto Ambiental, peor aún sobre aquellos proyectos que se realizan en áreas protegidas. Por otra parte, ni la Dirección General de Medio Ambiente ni la administración del PNC cuentan con un equipo técnico ni con métodos para poder hacer un monitoreo efectivo de este tipo de actividades y cualquier otro tipo de monitoreo es pagado y supervisado por la misma empresa, lo cual debilita su legitimidad.

 

  

Mapa de concesiones petroleras en la zona. Fuente: OBIE/CEDLA/Camilo Coral, en base a datos de YPFB (2003) y MDSP (2005)

 

Cuadro N°3: Universidad contra empresa petrolera

 

Un caso destacable en los antecedentes de esta actividad en el PNC fue el ocurrido entre la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) de Cochabamba y la empresa petrolera MAXUS, que forma parte de REPSOL. La UMSS tiene unos predios de 6.000 hectáreas en la localidad de Sajta, muy cerca del límite norte del parque, que son utilizados para el desarrollo de una diversidad de estudios e investigaciones. En términos biológicos este terreno tiene una alta importancia ya que forma parte de uno de los parches más importantes en la conectividad entre el PNC y el PN y Territorio Indígena Isiboro-Sécure (TIPNIS).

 

MAXUS se adjudicó 33.000 has que incorporaban al fundo universitario. Ante la inminente acción exploratoria sísmica (3D) de esta empresa, el consejo universitario se opuso rotundamente y se inició una resistencia a partir de la sociedad civil. La empresa trató de aplicar los instrumentos legales que tenía con la aplicación de la fuerza pública para defender sus intereses y amenazó con la paralización de actividades y la pérdida de US$ 25 millones por concepto de regalías. Ante la fuerte posición de la Universidad y la sociedad civil, MAXUS decidió congelar sus inversiones (8).

 

Introducción de especies exóticas

 

Con relación a otros países vecinos, en Bolivia aún no se han registrado muchos casos de introducción de especies exóticas y de su éxito posterior en la vida silvestre. Sin embargo, uno de los casos más graves ha sido la introducción de truchas (Oncorhynchus mykiss) en cuencas altas del país, que ha provocado disturbios en algunos casos irreversibles. En Carrasco se han observado poblaciones de esta especie en ríos de la parte sur, Sehuencas, río Lope Mendoza, río Fuerte, río Huasamayu, río Monto Puncu, río Ivirizu.

 

 

AMENAZAS

 

Cultivo de la coca para el narcotráfico

 

La coca es un producto incorporado en la cultura andina desde períodos prehispánicos. Existen varias teorías sobre su importancia en las sociedades indígenas antes de la colonia, una de las más aceptadas indicando que ocupaba un lugar importante ya que su cultivo, comercialización y consumo estaban insertos en el contexto del control de diferentes pisos ecológicos practicado por los lupaqas, pacajes y otros pueblos aymaras. Además, cumplía una función cultural como elemento clave en las prácticas rituales y religiosas (9).

 

Cuando llegaron los conquistadores españoles y se instauró la colonia, existieron dos corrientes, una proveniente del clero que pretendía la prohibición total de la “hoja del diablo”, y otra basada en intereses económicos, que fomentaba su cultivo. Esta última tuvo éxito y los volúmenes producidos se incrementaron. En los siglos siguientes surgieron nuevas zonas de cultivo en Bolivia, que determinan hoy día la división entre zonas de producción “tradicionales” (los Yungas de La Paz) y zonas nuevas (Apolobamba, valle de Cliza en Cochabamba, Yungas del Espíritu Santo en el Chapare).

 

       

 Residentes del parque secando hojas de coca sobre un camino vecinal. Foto: SP

 

En la segunda mitad del siglo XX cuando se estableció el comercio y tráfico de la cocaína, con la participación de los gobiernos dictatoriales de la década de los 70 y 80, se consolidó en Bolivia una zona productora de hoja de coca como de drogas en la zona del Chapare en el Departamento de Cochabamba y se apoderó de la región un fuerte clima de inestabilidad social. Durante los años 80 se produjo un despido masivo de trabajadores mineros del estaño, los cuales fueron relocalizados como agricultores colonizadores en diferentes puntos del país, incluso en esta región.

 

Este período fue el inicio de un intenso proceso de colonización del trópico de Cochabamba con un efecto devastador para los bosques del subandino, del pie de monte y de la llanura amazónica próxima a los Andes, por la extracción forestal y la habilitación de tierras agrícolas, con su producto más importante, la hoja de coca.

 

Posteriormente, bajo presión estadounidense, Bolivia adscribió a sus políticas la “lucha contra el narcotráfico” e inició un proceso de control policial y de erradicación de plantaciones, que después de algunos años se vio acompañado por un programa de producción alternativa a la coca, llamado Programa de Desarrollo Alternativo Regional (PDAR), que busca brindar otras oportunidades económicas a los campesinos brutalmente desprovistos de su fuente de ingresos.

 

Esta imposición gubernamental, la baja aptitud del suelo para la agricultura, la falta de mercados para los cultivos alternativos fomentados por el PDAR (o el retraso en su desarrollo debido a la crisis argentina y otras perturbaciones a nivel macroeconómico), las presiones de las mafias del comercio de drogas, la tradición de resistencia social y otros factores crean un problema complejo e irresuelto hasta la fecha que tiene como uno de sus efectos, la degradación del entorno natural y la baja capacidad de gestión integral del territorio.

 

Como era de prever, esta problemática se introdujo con los años en las administraciones de las áreas protegidas cercanas (en particular Carrasco e Isiboro Sécure, y, en menor grado Amboró). El caso del PNC es particularmente agudo y su gestión casi inviable en las actuales condiciones.

 

Muchos problemas del parque están vinculados con la producción de coca, en particular con las actividades de erradicación en el Chapare. Se registra un fenómeno de “contrabando hormiga”, caracterizado por muchas pequeñas plantaciones esparcidas (coca hormiga). Las plantaciones de coca se ubican mayormente al exterior de la Línea Roja y los campesinos entran con el objetivo de asentarse(10).

 

El problema del Carrasco ya no es un problema de conservación ni del SERNAP. Es un problema del gobierno. En la actualidad, las instancias que deberían trabajar en el PNC no son guardaparques, sino militares y policías(11).

 

        

Parcela recientemente chaqueada para la instalación de cultivos de coca. Foto: LD

  

Esta situación se explica por el hecho de que la hoja de coca alcanza por lo general un buen precio (aprox. US$ 6-7/kg), mientras que los cultivos de banano/plátano, que necesitan 25-30 fumigaciones al año, no son rentables (por ahora mantenidos artificialmente altos por los subsidios del PDAR), aunque existe un mercado potencial muy importante con Argentina (en un mes se producen aprox. 20.000 cajas de banano, cuando el mercado argentino podría absorber alrededor de 5.000.000 de cajas (12).

 

Un gran problema radica por lo tanto en el hecho de que el programa de desarrollo alternativo no ha logrado los objetivos que perseguía de generar una economía productiva alternativa a la economía de la coca. Debido a su baja rentabilidad, casi todos los rubros promovidos por el PDAR están subsidiados. El problema no reside en la calidad de los productos, pero en la baja producción por hectárea (prácticas inadecuadas, falta de tecnologías, etc.). De los 100.00 has de “cultivos” alternativos en 2003, un 80% eran pastos, a pesar de que la ganadería no da mucho (la carga animal en esta zona no puede sobrepasar los 1,5 animales/ha).

 

El otro problema fundamental de las actividades de erradicación de la coca es que la policía (Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico, FELCN) no se atreve más allá de una cierta distancia de los principales caminos (por miedo a las emboscadas), por lo que los cocaleros han entendido que podían seguir cultivando desplazando sus campos en el monte.

 

Sin erradicación, no hubiera presión al área. La erradicación ha hecho que se produzca más coca aún, y especialmente en el parque(13).

 

      

Control militar antidrogas en el camino antiguo al Chapare (sector ColomI). Estos controles son todavía esporádicos. Foto: SP

 

La problemática de la coca desemboca en tres grandes problemas para el área protegida:

 

- Se constituye en un atrayente para la colonización: el hecho que los colonos y campesinos consideran a todo el territorio del PNC como “Yungas de Vandiola”, es decir, zona de cultivo tradicional de la coca y por lo tanto permitido por la Ley N°1.008, y que el precio de la misma sea el más alto de todos los productos agrícolas hacen del parque un destino muy atractivo para los colonizadores y narcotraficantes;

 

- Fomenta la producción de otros productos que requieren de mayores volúmenes para equipararse económicamente con la coca, lo que se traduce en mayor demanda se superficie para cultivos;

 

- Crea un clima social inestable que inviabiliza la gestión del parque.

 

Resistencia social

 

La problemática social histórica en la que está inmersa Bolivia, la relocalización de comunidades enteras, la colonización del trópico por grupos andinos y el cultivo de la coca para el narcotráfico, generan un clima altamente conflictivo en la región del Chapare.

 

El hecho de haber creado el PNC sin la debida consulta ni sensibilización a los residentes de la zona, generó una reacción negativa al protegida desde sus inicios. Como en muchas otras áreas protegidas del país, esta situación dio lugar al florecimiento de procesos de desinformación.

 

Más allá de la falta o tergiversación de la información, la categoría de parque nacional no se adecua a los objetivos económicos de las poblaciones que hacen un uso irrestricto de los recursos naturales, sobre todo de los suelos y la madera. Por otra parte existe la preocupación de carencia de tierras y recursos para las próximas generaciones que necesitaran de estos elementos para su desarrollo. Desafortunadamente, la creación del PNC ha causado algunos resentimientos entre los pobladores locales ya que tierras tradicionalmente usadas para agricultura y ganadería han sido incluidas dentro el parque. Esto ha sido especialmente el caso entre las comunidades de tierras altas en el sur del parque y a lo largo del límite norte en la región del Chapare, que es intensamente utilizado para cultivos de coca. En algunos casos, los pobladores locales han tratado de quemar manchas valiosas de bosque para recuperar sus tierras.

 

Como las problemáticas han sido diferentes y los procesos de relacionamiento también han sido variados, las posiciones de cada grupo social con respecto al área protegida son diversas. Con la gente del sector Oeste (Central Campesina Colomi, Subcentral Aguirre) se mantienen buenas relaciones, mientras que con las organizaciones del sur (Central Tiraque) las relaciones suelen ser muy conflictivas.

 

La coyuntura sociopolítica que está atravesando el país deja muy pocos espacios de gestión, sobre todo en regiones como el Chapare, donde se concentra la protesta y existe una verdadera dictadura sindical, llamada “caduco” (14). No obstante la situación, la administración del área protegida está logrando ventanas de diálogo con ciertos niveles dirigenciales y proyectando una futura gestión participativa del parque. La idea de un nuevo modelo de gestión ha sido planteada desde los sectores sociales, sin embargo se teme que este nuevo modelo de gestión quiera ser impuesto y que responda más a directrices políticas que a lineamientos técnicos y necesidades de conservación.

 

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(1) Osvaldo Aramayo, comunicación personal.

(2) MHNNKM. 2000. Análisis de la situación social e institucional y sistema de información geográfico de las áreas protegidas de la Amazonia Boliviana. Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado. 180 pp.

(3) Hugo Antezana, comunicación personal.

(4) Asbún Claros, M. 1995. Estudio florístico del estrato arbóreo en la zona de la Siberia. Universidad Mayor de San Simón. Tesis de Grado. 135 pp.

(5) MHNNKM. 2000. Análisis de la situación social e institucional y sistema de información geográfico de las áreas protegidas de la Amazonia Boliviana. Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado. 180 pp.

(6) Gavalda, M. 1999. Las manchas del petróleo Boliviano. Red Alerta Petrolera.

(7) MHNNKM. 2000. Análisis de la situación social e institucional y sistema de información geográfico de las áreas protegidas de la Amazonia Boliviana. Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado. 180 pp.

(8) Gavalda, M. 1999. Las manchas del Petróleo Boliviano. Red Alerta Petrolera.

(9) Cajías de la Vega, F. 1995. La coca en la historia de Bolivia. Su uso en las épocas prehispánicas y colonial. Encuentro. Revista Boliviana de Cultura. AñoV. Editorial Fundación BHN.

(10) Osvaldo Aramayo (ex-director PNC), comunicación personal.

(11) Ibid.

(12) Hugo Antezana, comunicación personal.

(13) Ibid.

(14) Si Ud. no viene a nuestras reuniones o no participa en los bloqueos, le quitamos su tierra.

 

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