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Referencias

 

 

 

Ocupación humana

 

En el ANMI se encuentran aproxim. 300 familias (para un total de 1.600 a 2.000 personas) divididas en una veintena de comunidades ubicadas mayormente a lo largo de los ríos Huarinilla y Chucura. En el sur del área (tierras altas) existen también algunas cooperativas mineras, sin que se tenga datos demográficos precisos. Algunas comunidades asentadas a lo largo del antiguo camino La Cumbre-Yolosa colindan con los límites del área.

 

De las 17 comunidades oficiales del área, 14 pertenecen a las Sub-Centrales Chucura, 2 de Julio y Pacallo, y 3 son independientes.

 

Los pobladores de la parte alta del área, de origen Aymara, ocupan este territorio desde hace siglos, mientras que la población asentada en los Yungas es de llegada reciente y se compone principalmente de campesinos mestizos y nuevos migrantes Aymaras (Trópico, 2000).

 

Las comunidades más importantes son:

 

Zona

Comunidades

Valle Chucura

Chucura, Choro

Valle Huarinilla

Charobamba, Yucupi, La Selva, Pacallo, Siñari

Carretera La Paz-Caranavi

Huayllara, Pongo, Unduavi, Chuspipata

 

Existen también asentamientos familiares diseminados por lo general a proximidad de estas comunidades (San Francisco, Bella Vista, Sandillani).

 

La tendencia demográfica para el área se caracteriza por una relativa estabilidad de la población en la parte alta debida a la atracción de las ciudades de Coroico, Caranavi y La Paz-El Alto, mientras se ha registrado un incremento de la población de las tierras bajas en los últimos años, la gente volviendo a ocupar sus antiguas tierras (Sevilla Callejo, com. pers.). Pero en términos generales, la zona puede considerarse como expulsora de población debido a una serie de factores: falta de servicios básicos, malas condiciones de las vías de comunicación y dificultades económicas debidas a la abrupta caída de los precios de los principales rubros comerciales, en particular los cítricos y el café (Ribera, 1995a). A pesar de su alto potencial, el turismo todavía no constituye una alternativa viable para los residentes del área.

 

La situación es totalmente distinta en la zona de amortiguación externa del área. Con 3.200 habitantes (Pref. de La Paz, 2001), Coroico se está rápidamente convirtiendo en un centro turístico para los habitantes de La Paz y un número creciente de turistas extranjeros, que pueden ahora recorrer los 96 Km de la nueva carretera en tan solo dos horas. Por otra, la apertura de esta nueva carretera está generando una fuerte presión de colonización en la zona.

 

 

Por constituir el mayor polo de atracción turística de la zona, la localidad de Coroico, en la zona de influencia directa del área protegida, se encuentra en plena expansión. Foto: MSC

 

Actividades económicas y uso de recursos naturales

 

Las actividades de los habitantes de Cotapata están mayoritariamente ligadas a la producción agropecuaria. Las técnicas agrícolas son básicas, sin ninguna mecanización, el único abono utilizado proviene de los excrementos de los escasos animales domésticos, y la utilización de pesticidas es todavía relativamente marginal (Sevilla Callejo, 2003).

 

En la parte alta se crían llamas, ovejas, caballos y algunas vacas. Si esta actividad a pequeña escala no parece directamente amenazar la calidad de los pastos cabe destacar que las quemas frecuentes afectan, ocasionalmente, amplias áreas de pastizales por falta de control. Los principales rubros agrícolas son la papa, avena, haba y oca, entre otros. El bosque de ceja de monte es una importante fuente de leña, en particular para las comunidades de la zona alta (Trópico, 1999), pero también se utiliza estiércol de llama como combustible. En la zona se extrae hielo de los glaciares que se vende para la conservación de pollos.

 

                  

La cría de llamas es una de las actividades claves de la economía de las tierras altas. Foto: Menuka Scetbon-Didi

 

Una parte importante de las actividades agrícolas realizadas en las tierras bajas se desarrollan según el sistema de roza, tumba y quema para dar espacio a una multitud de cultivos entre los que destacan la yuca, racacha, locoto, maní, maíz, coca y plátano (Trópico, 1999). Cada comunario tiene su propia parcela, con unidades de explotación anual de aproximadamente un cato (un cuarto de hectárea) (Sevilla Callejo et al., 2003), que se entregaron después de la Reforma Agraria de 1953, aunque permanecen todavía algunas grandes propiedades privadas en la zona. El café, bajo cubierta forestal, y los cítricos son los únicos cultivos dedicados al comercio. La frontera agrícola parece estable desde mucho tiempo (Arce-Olañeta, com. pers.).

 

                  

                                Cultivos de maíz en Siñari. Foto: MSC

 

En esta zona se aprovechan también recursos no maderables del bosque como el incienso (Clusia sp.), copal (Protium sp.), plantas medicinales y algunos árboles como el aliso (Alnus acuminata), el nogal (Juglans boliviana) y otras especies de crecimiento rápido para la fabricación de mangos de herramientas (para uso doméstico o para venta en los mercados de La Paz y El Alto). Los helechos gigantes (Cyathea sp.) y algunas palmas (Geonoma megalospatha y G. lindeniana) se utilizan en la construcción de casas (Cuba, com. pers.). Aunque la tala de madera es muy limitada en el parque, ha sido la raíz de uno de los mayores conflictos entre el SERNAP y los residentes (Trópico, 1999).

 

La caza de subsistencia es de intensidad relativamente baja en el área, los mamíferos más cazados son la vizcacha (Lagidium viscaccia), la taruka (Hippocamelus antisensis), la llapa (Agouti paca), el sari (Dasyprocta variegata), el oso de anteojos (Tremarctos ornatus) y el chancho de monte (Tayassu pecari y Tayassu tajacu). Entre las aves, las especies más afectadas son la huallata (Chloephaga melanoptera), la pava (Penelope montagnii), el viloco y la panana (Trópico, 1999). Se utilizan también animales para medicina, utilización de lana, cuero y plumas, pero en general se cazan sobre todo animales silvestres considerados como “dañinos” para el ganado y los cultivos. En las tierras altas, como en las cercanías de la comunidad de Chucura se registran algunos problemas con la presencia del puma y del oso jucumari, resultando en matanzas ocasionales. En las tierras bajas, son los saris, los loros y algunos monos que generan problemas con las comunidades. Mención especial merecen los chanchos de monte, que tienden a arruinar la totalidad de las parcelas que invaden cuando se encuentran en grupos, por lo que los comunarios los persiguen con particular veleidad (Sevilla Callejo, 2003).

 

En el área se practica también la caza deportiva, más que todo en la zona altoandina, al lado de la carretera entre La Cumbre y Pongo. La mayor parte de los cazadores vienen de La Paz a cazar vizcachas, tarukas, huallatas, liebres, zorros o gatos andinos. Pese a esto, la caza furtiva parece estar bajo control por el cuerpo de protección y ha disminuido notablemente en la parte baja del área.

 

La pesca es muy limitada y afecta mayormente la trucha, especie exótica introducida en 1970 (De Morales, 1995). El uso de dinamita, frecuente hace unos años atrás, está ahora totalmente prohibido y controlado por las propias comunidades.

 

En los pueblos de Pongo y Unduavi se encuentran locales de abastecimiento y de venta de comida a destino de los usuarios de la carretera. A lo largo del camino del Choro, algunas familias viven del turismo, ofreciendo comida y alojamiento, mientras que muchos comunarios de la zona de Pacallo fueron contratados para la construcción de la nueva carretera. En 2001 (fecha del último censo), esta actividad involucraba a cerca de la tercera parte de la población (315 personas) de la parte baja del área (INE, 2002, en Sevilla Callejo, 2003). El SNC emplea un total de 800 personas (Robison et al., 2000), alojadas en un grande campamento a la orilla del río Huarinilla. En cuanto a las cooperativas auríferas, las más grandes son: Jesús del Gran Poder, Unión Ideal, San Luis y Cotapata Ltda. Los mineros provienen por su mayoría de fuera del área.

 

                                

  Los habitantes de Pongo viven de la carretera La Paz-Caranavi. Foto: S. Mayer

 

 

Turismo

 

Tres factores concurren para hacer del PN-ANMI Cotapata un área de muy alto potencial turístico:

 

- La presencia de numerosos y valiosos restos arqueológicos, incluso un camino precolombino;

- Una gran belleza paisajística y una alta diversidad de ambientes naturales;

- La proximidad a la ciudad de La Paz (a dos horas por la nueva carretera).

 

                 

La belleza paisajística del área es caracteristica de los ambientes de Yungas, donde rige una eterna primavera. Foto: SP

 

Aproximadamente 5.000 personas recorrieron el camino del Choro en el 2002, o sea el 95% de la totalidad de los turistas que ingresaron al área en ese año (Vargas Rios, 2000). Datos del año 1999 indican que 59% de los visitantes son nacionales y 41% extranjeros (SERNAP, 2000b). Durante la Semana Santa, hasta 1.000 personas usan este camino como peregrinaje religioso, mientras que la temporada alta del turismo extranjero se reparte entre los meses de junio y octubre, que corresponden a la temporada seca. Alrededor de 30 agencias turísticas trabajaban en el PN-ANMI, la mayoría con ingresos esporádicos.

 

Formando parte de la antigua red de comunicaciones Inca, este camino precolombino constituye una de las primeras y principales vías de acceso a los Yungas del norte del departamento de La Paz, donde se producían importantes rubros agrícolas para los habitantes del Altiplano. La más importante vía de transito habilitada dentro del parque, el camino se recorre a pie en 3 a 4 días ( 64 Km) y permite descubrir tanto riquezas arqueológicas (plataformas de piedras, canales, cejas, puentes, muros de contención, etc.) como la sucesión de pisos ecológicos distribuidos entre la Puna y el bosque de Yungas.

 

La mayoría de las comunidades atravesadas (Lama Khuchu, Samaña Pampa, Chucura, Challapampa, Choro, San Francisco, Bella Vista, Sandillani y Chairo) proponen áreas de camping y venta de víveres básicos. En el último tramo (Chairo-Coroico) se prestan servicios de transporte hacia la localidad de Coroico. No menos de treinta agencias turísticas en La Paz y Coroico, ofrecen servicios de guías y porteadores-cocineros, así como la Asociación Multiactiva de Guías y Porteadores de Chucura. Para asegurar el mantenimiento del camino, ésta última organización cobra una tarifa de ingreso al área protegida en Chucura, aunque sin derecho legal. La voluntad del municipio de El Alto de cobrar también por el ingreso al parque, constituyó uno de los frenos a la implementación del SISCO (Sistema de Cobro) por la administración del área en 2001.

La ONG Trópico hizo una guía y un tríptico del camino del Choro que se pueden conseguir en el puesto de control de La Cumbre. En este puesto y en el campamento de Puente Elena los guardaparques aseguran el control y la información a todos los turistas que ingresan al camino.

 

                               

El camino precolombino El Choro. Foto: Dimitri de Boissieu (a continuación, DDB)

 

      Cuadro N°1: El Sistema de Cobros en el PN ANMI Cotapata

 

Cotapata cuenta con un potencial importante para generar recursos propios a partir del cobro de tarifas de ingreso ya que tiene más de 5.000 vistantes al año que recorren el camino prehispánico del Choro.

Esta condición y la hipótesis de que una inversión en mejorías del servicio y facilidades aumentarían el número de visitantes, animó al SERNAP ha intentar establecer un Sistema de Cobros por ingreso al área protegida.

No obstante estas ventajas, la falta de comunicación con las comunidades, las débiles relaciones, y los cobros ya irregulares pero existentes practicados por ciertos elementos de la dirigencia de algunas comunidades, hacían muy difícil la implementación de una tarifa de ingreso.

Durante el año 2000, la Unidad Central del SERNAP exigió a la Dirección del área protegida la implementación de una tarifa de ingreso, la cual advirtió de su inviabilidad por la inestabilidad social. Pero no se escuchó tal advertencia y se procedió a implementar un Sistema de Cobro (SISCO) para aprovechar al flujo de turistas que ingresan al camino Inca del Choro, que planteaba básicamente un cobro diferenciado con porcentajes destinados al apoyo a las comunidades, la reinversión en el Choro (letreros, áreas de camping, servicios, etc.) y el mantenimiento del Camino a partir de la contratación de los comunarios organizados.

Antes de iniciar el cobro, se realizaron reuniones con la dirigencia de las comunidades y Chucura manifestó su rechazo total, probablemente por los cobros que realizaban algunos dirigentes bajo el pretexto del mantenimiento de los puentes; fondos recaudados que eran usados personalmente por los cobradores sin ninguna rendición de cuentas al resto de la comunidad.

La presión de La Paz hizo que el cobro se implemente contra la voluntad de esta comunidad y de la propia Dirección del área protegida. El resultado, fue una amenaza de toma del campamento de guardaparques de Chucura, el cual fue desalojado por los vecinos a la fuerza y la suspensión indefinida del cobro en el camino del Choro. No obstante, la presión del SERNAP central continuó por mantener el SISCO exigiendo hacer cobros en el ingreso al valle de Huarinilla, donde el flujo de turistas es insignificante, ello creó también susceptibilidades en las comunidades locales. Finalmente el SISCO fue suspendido al comprobarse su inviabilidad y continúa sin poder ser implementado.

 

Aparte del Choro existen otros tres caminos precolombinos, que son el Sillu Tinkara, el Huancané, y un tercero que sale de Challapampa. Actualmente cubiertos por vegetación, cada uno cuenta con un proyecto de rehabilitación sin plazo definido. El Río Selva Resort, un hotel de cinco estrellas ubicado en la orilla del río Huarinilla en la comunidad de Pacallo, atrae a turistas de mayores ingresos y hasta hace poco tiempo un centro náutico brindaba actividades de canoa, kayak y rafting aguas abajo. La Cumbre (4.900 msnm) es un importante destino de recreo para los residentes de La Paz, en el que se realizan actividades recreativas como paseos en moto o cuadratrack, caminatas cortas, picnic, bicicleta, caza, pesca y juegos en la nieve (SERNAP, 2000a).

 

A pesar de ser todavía utilizada por el tráfico automóvil, la carretera antigua a Coroico, bautizada “Camino de la Muerte” por el número de vehiculos que se caen de ella cada año, sirve hoy de pista de bicicleta de montaña para centenas de turistas anuales, que pagan entre 40 y 60 US$ por el servicio a agencias paceñas. A su vez, Coroico se ha convertido en años recientes en un centro turístico muy visitado que cuenta con una amplia oferta de servicios, incluyendo alojamiento, restaurantes y actividades al aire libre.

 

                

Cada año llegan más turistas a dejar sus huellas en el “Camino de la Muerte”. Foto: SP

 

Aunque el turismo no excede la actual capacidad de carga del área protegida, no deja de generar algunos problemas y conflictos. Los principales impactos se relacionan con un manejo inapropiado de la basura, especialmente en La Cumbre y a lo largo del camino precolombino.

 

La acumulación de desechos sólidos y el deterioro del patrimonio arqueológico son las consecuencias de un insuficiente control de las actividades turísticas. Fotos: DDB

 

Otro foco de contaminación por desechos sólidos lo constituye el hotel Río Selva, que vierte su basura en el río Huarinilla además de proponer actividades prohibidas como la recolección de mariposas. El turismo descontrolado durante ciertas partes del año (Semana Santa, Navidad, etc.) en lugares muy localizados (Cumbre, Camino del Choro, áreas limítrofes de la carretera y zona baja, junto al río Huarinilla) resulta también en el deterioro paulatino del patrimonio arqueológico del área (principalmente por vandalismo).

 

En el año 2000, la ONG Trópico, elaboró una “Estrategia Preliminar de Desarrollo Turístico” (Vargas Rios, 2000), que nunca se implementó. Sin embargo se integró y utilizó a partir de 2001 como insumo para la elaboración de un Reglamento Turístico diseñado acorde al marco teórico y conceptual del SERNAP. A pesar de la serie de talleres participativos organizados por el SERNAP para elaborar dicha estrategia, todavía no se tienen publicados los resultados, utilizándose como único instrumento legal el plan de ordenamiento turístico mínimo del área.

 

Los residentes del área tienen muchas expectativas en relación al turismo, pero son todavía pocos los que aprovechan de este sector. Como consecuencia de una falta de comunicación y de coordinación entre las comunidades y la administración del parque, esta situación genera conflictos.

 

En la actualidad, la incorporación del proyecto BIAP a la gestión del AP, ha abierto grandes expectativas para el mejoramiento de las condiciones del desarrollo turístico. Se han iniciado varios proyectos en consenso con las comunidades (excepto Chucura), entre las cuales:

 

- Construcción de un albergue en la localidad de Sandillani.

- Habilitación de los caminos prehispánicos de Coscapa y Sillutinkara.

- Se han construido cuatro puentes peatonales en el camino del Choro

- Señalización en el Choro

- Habilitación de senderos de interpretación y biking en Pongo y Hayllara

- Formación de guías locales con aportes de las ONGs Conservación Internacional y Trópico

- Construcción de un centro de información en La Cumbre

- Construcción de un museo en la localidad de Charobamba

- Establecimiento de un mariposario

- Diversos proyectos en el valle de Huarinilla

 

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